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Calle22.com fue uno de los pocos medios suramericanos invitados a la cuarta edición del Dr. Music Festival, uno de los macro festivales de rock más importantes para este verano en Europa. Luego de dos años de ausencia, el “Festival de la Vaca” es analizado a través de los ojos de Ismael y Ainoa, dos espectadores que durante tres días acamparon en su entorno. Crónica interactiva de lo ocurrido. Por: César Londoño, Calle22.com, Barcelona Ismael y Ainoa son dos jóvenes catalanes que, a pesar de su corta edad, desde hace unos años han asistido puntualmente al llamado de una vaca. No es el grito de un animal de carne y hueso: Son los fuertes mugidos que desde su escenario principal dan inicio a los conciertos del Doctor Music Festival, uno de los macro festivales de rock más importantes de Europa. Mas este año, tanto Ismael como Ainoa tuvieron que pasar una verdadera odisea para asistir a la cita, ya que el “festival de la vaca”, como popularmente se le conoce, cambió de sede. De las montañas pirineicas catalanas se fue hasta la otra punta de España, la también región montañosa de Asturias, ubicada a a doce horas en bus desde la ciudad de Barcelona. Pero el rock y el espíritu de la gran comuna animaron a esta pareja a dejar a un lado las vicisitudes, y a marchar a la región cargando con su tienda de campaña, los sacos de dormir y la comida enlatada. La aventura de atravesar medio país quedaba saldada con la de observar en vivo a los principales artistas de la temporada europea, entre los que aparecían Beck y Rollins Band.
Tras un agotador viaje la pareja de jóvenes llegó a Oviedo, donde luego de tomar un bus y caminar un buen trecho hasta la zona de acampada con sus morrales al hombro, terminó el viaje que habían empezado desde el día anterior. Una vez allí, levantaron la carpa, cambiaron su dinero corriente por la moneda oficial del festival -el Doc (US$0.80)- y se prepararon a disfrutar de la música, no sin antes echarle un vistazo al licor que expendían en los bares del festival, a la comida de los restaurantes, a los cachivaches de los mercadillos hippies y a la altísima torre de puenting. Pero una vez que los mugidos de la vaca empezaron a anunciar que el espectáculo comenzaba, no hubo actividad paralela que les quitara de la cabeza sus planes de correr hasta la primera fila del escenario principal, en el antiguo aeródromo de la Morgal (Asturias, a 450 km. al noreste de Madrid). La idea de estar al frente de los músicos era un imán que atraía a otros cientos de espectadores adolescentes, aunque la gran masa, unas 14 mil personas, prefirío permanecer esparcida o visitar los otros escenarios del festival para su edición 2000.
Entre “La Vaca” y el “Búfalo Espacial”, y mientras que una gente dormía y otra apenas se levantaba, transcurrieron así 72 horas de música pluricultural, hermosos atentados pirotécnicos del colectivo catalán Els Comediants y largas horas de lluvia, que de paso fueron marcadas por la sorprendente calidad artística de grupos los llamados grupos “menores”, como Gomez, M-Clan, Titán, 7 Notas 7 Colores y Bloodhound Gang.
A la hora de las evaluaciones, tanto Ismael como Ainoa coincidieron que, aunque la calidad artística no falló en ningún momento y la organización pudo sacar adelante un festival que se dio por muerto en 1999, muchas serán las cosas para reevaluar de cara a la edición del 2001. La principal de ellas será la de mejorar su propio récord de asistencia, ya que en sus dos últimas ediciones el Dr. Music Festival ha dado pasos de ciego en su afán por mejorarla. Contrario a las versiones de 1996 y 1997, que superaron todos los pronósticos de público, las de 1998 y 2000 no pudieron alcanzar las expectativas previstas, tanto que, tan sólo entre estas dos últimas, fueron casi 16.000 los espectadores ausentes. De las 30.000 personas que asistieron a la versión del 98, tan sólo 14.000 se congregaron en torno a esta última cita. Por otra parte, y como otra consecuencia lógica del “plan traslado”, como lo llaman Ainoa e Ismael, también se tendrá que recuperar el nivel de servicios alcanzado en las tres primeras ediciones del “Festival de la Vaca”, evento que sigue bajo la coordinación del director Neo Sala y de un joven grupo de productores. Finalmente, y en pro de recuperar la buena imagen que ese equipo de organizadores dejó plasmado para la escena europea respecto a que no se necesitan ni 40 años de experiencia ni 40 años de edad para montar un macro festival a la vieja usanza del legendario Woodstock, padre de los festivales, el Dr. Music Festival tendrá que retornar a sus potreros originales en el pirineo catalán, de donde nunca debió haber salido. |
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