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El circo de Arnoldo

Las desgracias no dejan de lloverle a Nicaragua. Terremotos, inundaciones y sequías son tormentos que se alternan entre invierno y verano, mientras los huracanes son la amenaza que merodea a mitad de año. Pero la peor tragedia de todas es tener en la presidencia a un comediante especializado en humor negro.
Por: Gustavo Jiménez Maroto
Calle22.com, San José


Décadas atrás, Buster Keaton hacía reír al mundo poniendo una imperturbable cara de palo. No podía mostrar los dientes ni estando fuera del set de grabación: su contrato con la Metro Pictures se lo prohibía. A finales del Siglo XX, un político con alma de comediante, Arnoldo Alemán, adoptó el modelo de Keaton, solo que a la inversa: él hace llorar a Nicaragua pese a que siempre está sonriente y en público exhibe muy buen humor.

Desde que asumió la banda presidencial, en mayo de 1996, Alemán ha mostrado la inédita faceta de comediante, pero no de los que reparten pastelazos y visten ropa estrafalaria. Él es, más bien, un Groucho Marx, vestido con trajes caros y con un rostro que destila optimismo. La silla presidencial lo inspiró para escribir el guión de una guerra multinacional, y se rió en la cara de sus detractores encarcelando al Contralor que lo acusó de multiplicar su patrimonio personal mientras ejercía el puesto de Alcalde de Managua. Los episodios que ha protagonizado Alemán como presidente, en un país azotado por la desgracia, forman parte de una surrealista pieza de teatro.

Acto I: La Guerra del San Juan
Escenario: Margen nicaragüense del Río San Juan


Por primera vez en mucho tiempo, Arnoldo Alemán pierde su sonrisa el 22 de junio de 1999 –pero solo por unos minutos– para asegurar que Nicaragua defenderá “con la bravura de sus hombres” sus derechos sobre el Río San Juan, y que “la soberanía no se discute, se defiende con las armas en la mano”. Alemán omite decir, eso sí, que pretende inventar una guerra épica contra un país (Costa Rica) que no tiene ejército desde hace cincuenta años. Pero como la estrategia dio resultado –las encuestas demostraron que su discurso nacionalista caló bien entre los nicaragüenses–, Alemán amplió el conflicto e involucró a Honduras y Colombia, por un problema de límites marítimos. De pronto, Nicaragua olvida sus graves problemas internos y coquetea con la idea de declararle la Guerra Santa a tres países a la vez.

Acto II: Silencio, Jarquín
Escenario: Cárcel de El Chipote.

El 10 de noviembre de 1999, el Contralor de Nicaragua, Agustín Jarquín, marcha preso con las manos juntitas y esposadas. Su delito: acusar al presidente Alemán de haber aumentado su patrimonio personal en un 900 por ciento desde que asumió la Alcaldía de Managua, en 1990. Según el informe de la Contraloría, el milagro de los panes y los peces se quedó corto: Alemán pasó de tener 118 mil dólares en el 90 a casi un millón en 1997, sin ninguna explicación lógica.

Pero el escándalo ni despeina a Alemán. Su prolífica imaginación le permite contraacusar a Jarquín de un delito menor (contratación indebida de un funcionario), que nunca pudo comprobar. Sin perder ni un instante la sonrisa, el presidente recluye al Contralor en los calabozos del silencio durante mes y medio. Finalmente, el 24 de diciembre, Jarquín recupera su libertad, como un regalo de navidad para cinco países donantes (Japón, Suecia, Canadá, Estados Unidos y España), que amenazaron con suspender su ayuda si el Contralor seguía preso. Ahora, alejado ya de la Contraloría, Jarquín anuncia una alianza con los sandinistas para hacer oposición contra Alemán.

Acto III: La Boda
Escenario: Iglesia de El Crucero, Managua.

Como toda estrella que se precie, Alemán organizó una fastuosa boda para unirse en matrimonio con María Fernanda Flores, una profesora de secundaria 23 años menor. El presidente, siempre fino y de buen gusto, brindó la noticia de su compromiso durante una lujosa recepción, el 6 de agosto de 1999 en Miami. Ese mismo día, miles de nicaragüenses huían despavoridos del Volcán Cerro Negro, que amenazaba con convertir a la ciudad de León en un río de lava. Afortunadamente la emergencia no alteró la fiesta de Alemán en Miami, pues de por sí ninguno de los 15 heridos y 1360 evacuados estaba invitado a la recepción.

Luego de jurar amor eterno frente al altar, el 23 de octubre, María Fernanda lanzó una confesión sorprendente, mientras derramaba lágrimas de telenovela: “lo que más me atrae del presidente es su humildad, su gran corazón y la forma en que se relaciona con el pueblo. Eso verdaderamente me conmueve”. Él contestó diciendo que quiere tener dos hijos con su nueva esposa, y de inmediato partieron de luna de miel hacia Italia.

Acto IV: Más Piñata
Escenario: algún lugar secreto de Managua


Dos archienemigos se reúnen secretamente. Alemán y Daniel Ortega se ven a escondidas a lo largo de todo un año, para consolidar un pacto que le asegura a liberales y sandinistas las tajadas más grandes del queque político. Con el acuerdo, firmado en agosto de 1999, los dos caudillos apartan del camino a los partidos pequeños que luchan por cuotas de poder en el Congreso y en el Consejo Superior Electoral. Además, los sandinistas ganan puntos en la pelea por la Piñata, como se le llama a las propiedades que confiscaron durante la Guerra Civil. Así, Alemán contradice todo lo que dijo sobre el sandinismo en la campaña que lo llevó a la presidencia.


Acto V: Los amigos/enemigos de la Patria
Escenario: Embajada de Dinamarca en Nicaragua

Preocupados por las erráticas bufonadas de Alemán, un grupo de países donantes, que ayudan a la reconstrucción de Nicaragua tras el desastre provocado por el Huracán Mitch, cuestionan el destino que se le está dando al dinero que ellos aportan. Pero como al presidente no le gusta que nadie haga preguntas indiscretas, se abalanza sobre los gobiernos cooperantes y, tomando pose de Simón Bolívar, asegura: “No importa si nos cortan la ayuda, aquí hay un pueblo que nunca se ha postrado, solo ante Dios”.

Pero Alemán descubre que sin las inyecciones de capital su gobierno no podría sobrevivir, y el 23 de mayo del 2000 visita Washington para reclamarle al Grupo Consultivo para la Reconstrucción y Transformación de Nicaragua que pase “de las palabras a los hechos”. El presidente pone de escudo a los marginados de su país: “las legiones de pobres y desempleados están allí, impacientes esperando, abandonados y sin esperanzas”. Finalmente, los donantes terminan cediendo y reanudan la ayuda.



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