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Fotos tomadas de la página oficial del artista, www.beck.com
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Entrevista exclusiva con el genial Beck

Irresistible por su experimentación con el funk, el disco "Midnight Vultures" completa la idea de un intérprete cada vez más fértil y promisorio.












El increíble Hulk de Los Angeles

“No creo que mi música sea ecléctica: sencillamente pienso que la mayoría de la música es mortalmente aburrida y carece de inspiración”: Beck
Tomado de Elvis Está Muerto, enciclopedia de nuevo rock de Calle22.com
Textos de Chucky García


Beck Hansen no luce como una estrella de rock. En las calles que rodean su casa, ubicada en Los Angeles, el músico norteamericano lleva camisa de un solo tono, corbata y un pantalón discreto, como si se tratara de un pastor religioso o de un vendedor de biblias. En los escenarios que visita, año tras año, suele utilizar algún disfraz o vestido llamativo tan sólo para definirle al público que él está a la cabeza de la banda que lo acompaña. En los videos y las fotos promocionales de sus discos, finalmente, aparece como un joven común y corriente, con camiseta estampada, pantalones de dril y gafas oscuras. ¿Qué lo hace un objeto de culto y cómo llegó a transformar el rock de los años 90, hasta el punto que Mellow Gold, su debut oficial, cambió drásticamente y sin proponérselo los gustos musicales de toda una generación, incluyendo a los más escépticos de su laboratorio de retro-vanguardia?

Lo primero que hay que decir es que en el trasfondo de esa envoltura múltiple y a la vez simple, la esencia de Beck (nacido en 1970) se relaciona con una obra musical única e inimitable, ecléctica e irónica, integrada por discos absolutamente novedosos que no pertenecen a una fórmula estática.

Lo segundo es que, en un intento por clasificarlo, los críticos y el público retomaron la palabra “genialidad” con la seriedad y valor de la que alguna vez gozó y no como la mera consecuencia de una sociedad que ha viciado sus definiciones artísticas.

Durante los últimos seis años, Beck ha conseguido romper un molde pop que no había sido sacudido desde aquel tiempo en el que Kurt Cobain (Nirvana) y la música grunge emergieron como una especie de revuelta punk de la modernidad. Mas, a diferencia de Cobain, la revolución de Beck no proviene de la apologética destrucción de los géneros tradicionales ni de la capacidad de levantarse entre los suyos como una moda o un vocero generacional.

Cierto es que algunas canciones suyas como Loser (1993) han coincidido con la frustración y el escepticismo que numerosos grupos de jóvenes atraviesan en un momento determinado. Cierto, también, es que el consumo de sus álbumes a veces obedece a impulsos predeterminados de quienes lo consideran un tipo “sexy”, “cool” y “alternativo”.

Pero Beck no es un líder por lo que puedan llegar a representar sus actitudes o múltiples personalidades, que pasan de incógnito en un negocio plagado de tipos dispuestos a maquillarse como Geishas. Su liderazgo entre la masa (o masacote de artistas que hoy vivimos) obedece a la atracción que generan sus composiciones, mezclas grandilocuentes de música negra y blanca que no por serias y repletas de diferentes capas de sonido frustran la diversión y el baile.

“A la vez que cita a Bob Dylan a través del sampler y del espíritu”, opina la crítica argentina al respecto, “Beck se proyecta como un modelo de cantautor completamente nuevo, decidido a basar su novedad en una construcción rutilante hecha de ilustres escombros” (El Clarín de Buenos Aires).

“Después de ese rápido y pasajero fulgor que fue el grunge”, recalca por su parte el periodismo español, “parece que las fusiones evocatias de Beck son el único elemento que aglutina el sentido de angustia y la ilusión de una generación que, como él mismo, todavía no ha terminado de definirse” (El País de Madrid).

De la granja al grunge

Bek David Campbell (Beck) nació en Los Angeles (Estados Unidos), en una zona que él mismo define como anti-BMW y poco cinematográfica. Su madre es Bibbe Hansen, actriz de teatro y cantante que formó parte de agrupaciones como Warhol Superstar y Black Fag, y su padre es el músico David Campbell, quien por muchos años se ha desempeñado como arreglista (para guitarra) de algunos compositores como Tom Petty y de artistas, de forma reciente, como el colombiano Juan Esteban Aristizábal. La sangre artística de Beck la iniciaron su abuelo Al Hansen y su abuela Audrey Hansen, artistas ya desaparecidos que en la década de los 60 estuvieron inmiscuídos en el movimiento norteamericano del fluxus art.

En los años 80, Beck, artísticamente apellidado “Hansen” en honor a Al, partió de Los Angeles hacia Nueva York y se integró a una corriente artística denominada “anti-folk”, que a través del punk buscaba reciclar algunos géneros raizales americanos. La escena neoyorquina le permitió al joven intérprete desarrollarse como un compositor arriesgado e iracundo y de paso lo llevó a experimentar con otras manifestaciones urbanas como el hip hop, el hard core y el new glam.

Aprovechando el espacio de experimentación e informalidad que el grunge estaba consolidando en la industria americana del disco desde 1990, Beck regresó a Los Angeles para presentarse en el circuito de bares locales, donde no tardó en llamar la atención del público gracias a su capacidad para interpretar acordes, voces y ritmos de muy poca tradición blanca como el soul, el hip hop y el funk.

Agrupados inicialmente a través de un hilo conductor que generalmente correspondía a su predilección por las cajas de ritmos y las guitarras eléctricas, estos sonidos lo hicieron fundador de su propio género, “el estilo Beck”, materializado en un primer single que salió al mercado bajo el título de Loser.

Síntesis endiablada que aglutinaba en pocos minutos los años y las décadas más fulgurantes de cada uno de esas vertientes, hizo que su conocimiento público necesitara de tan sólo unas semanas para hacerse efectivo, no sólo en América sino Europa y Japón, región última donde, según explicaciones del artista a la prensa internacional en febrero de 2000, se ha creado la música más interesante de la modernidad, “que refleja la forma en que oímos música y cómo son nuestros mundos”.

El planeta de los trip-funks

De un planeta de referencias musicales como Norteamérica a un universo de sonidos propios que han sido ensalzados con la crema dulce de múltiples calificativos de connotación interespacial como “Folk electrónico del futuro”, Beck Hansen ha sido tenido en cuenta como el antes y después de la nueva meca del rock urbano (y posiblemente rural), sin que esto le haya acarreado el rechazo de quienes ven en las atmósferas masivas y plurales un indicio de impureza artística y un sinónimo de gancho comercial.

Entre 1994 y 1998, el cantautor californiano grabó dos álbumes para un par de sellos independientes, Steropathetic Soul Manure y One Foot in the Grave, y tres discos para la multinacional Geffen, Mellow Gold (1994), Odelay (1996) y Mutations (1998). Considerados como las piezas esenciales de su carrera oficial, con ellos consiguió tres premios Grammy en las categorías que integran el apartado de “Música alternativa” en 1997, 1998 y 2000.

Coincidiendo con el fin del segundo milenio (y como si se tratara de una forma premeditada de reivindicarlo como uno de los músicos que cambió la cara de la música popular de la segunda mitad de siglo XX), el sello discográfico que representa a Beck publicó su sexta grabación en estudio, Midnight Vultures (1999).

El álbum indica que su forma de hacer discos se torna cada vez más breve y espontánea (Midnight Vultures, por ejemplo, fue realizado en un par de semanas) y que sus parámetros de evolución “retro-vanguardista” provienen del sumo de la contradicción. Beck trata de instalar en el primer año de esta década aquel momento de diversidad y descontrol que la música de baile vivió en el último año de los 70, cuando el sexo era el neón que alumbraba las largas jornadas de las discotecas.

Irresistible por su experimentación con el funk, Midnight Vultures completa, a la fecha, la idea de un intérprete cada vez más fértil y promisorio, que prefiere pasar las horas de su vida en un estudio de grabación antes que dormirse en los comodísimos colchones de su propio éxito.

Beck Hansen es un revolucionario que no usa las lógicas del rock star system. Su música, sin embargo, retoma la luminosidad de muchas estrellas pasadas: Lo llaman “el hijo rapero de James Brown”, la “secuela evolucionada de Prince” y el “reeemplazo eléctrico de Bob Dylan”.



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