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Los doce apóstoles del rock colombiano Estos doce álbumes, por su particular interpretación de la cotidianidad, la exploración de técnicas instrumentales o vehementes principios ideológicos, ocupan una casilla en el listado de las producciones más importantes de la última década en el rock colombiano. Por: Chucky García, Calle22.com La última década del rock colombiano tuvo un desarrollo irregular. El desinterés creciente de las multinacionales discográficas y de las empresas privadas de radiodifusión no permitió la explotación comercial del movimiento, que tan sólo encontró un motor de promoción en los sellos independientes. Éstos, a su vez, se encontraron con una demanda poco continua de sus productos y una distribución bastante cerrada. Las discotiendas populares, por su parte, calificaron como riesgosa la venta de dichos productos en Colombia ante la difícil situación económica de los últimos años. La desventaja de los grupos nacionales frente a los internacionales, al interior del comercio discográfico del país, no sólo fue técnica (calidad del proceso de grabación, producción y prensaje). La incomunicación entre los grupos y las casas disqueras, la actitud marginal de algunos músicos y su carencia de estrategias de mercadeo, les hicieron endebles frente a la fuerza de las tendencias experimentales y de fusión, y por ende livianos en la balanza de la competencia. Algunos pedagogos musicales explicaron esta situación por la inexistencia de un nicho creativo que hiciera competitivo al rock colombiano, no dentro del mercado local sino dentro de la universalidad de la música. De esta manera resultaba imposible que el rock colombiano encontrara un lugar en un medio dominado por la farándula musical. El público, de la mano de la prensa, no pudo separarse de las estrategias de venta de las multinacionales. El rock producido en el país dejó de ser una opción para el gusto del público y pasó a ser una rareza ajena al gusto prefabricado de los consumidores. En esos términos fue muy difícil que un gran porcentaje de artistas creara un lenguaje musical propio, novedoso o por lo menos combativo. La imitación reemplazó a los estilos recursivos. Quienes escaparon a este proceso inquisidor cayeron en uno comercialmente viable pero artísticamente castrador: la “estefanización” del talento, industrialización de la propiedad intelectual del país por parte de monopolios de productores como Estefan Enterprise. Las nominaciones a los premios Grammy y la realización de festivales públicos en ciudades como Bogotá no fueron suficientes para promocionar a los artistas que demostraron talento. Entre todas estas circunstancias y contra todos los pronósticos, fue posible ver a una docena de agrupaciones con una gran capacidad para transformar la rígida escena de la música en Colombia: Un país en el que el Estado ha conseguido convertir el espíritu crítico del rock en una simple forma de entretenimiento. Esta selección de Calle22.com incluye publicaciones independientes que, en su mayoría, han tenido un período de vida comercial muy corto e incluso desconocido. Sin embargo, estas producciones han sido avaladas por la crítica musical autónoma y respaldados por ghettos de público que opusieron resistencia al ritmo de las masas. 1. Documento. Distrito (1996). La banda de rock más bogotana que ha existido en las últimas dos décadas. En los año 80, Distrito (teclados, guitarras y batería) se definió como “un gesto de amor hacia nuestra condición de ser herederos de los muiscas” (indígenas del interior del país). En aquella época el grupo fue independiente frente al primer “boom” del “rock en español” y llegados los 90s sus tres miembros marcharon a gestar nuevos proyectos musicales. Entre 1987 y 1994, Distrito elaboró una serie de canciones como Bus del blues, Secuestraron a Dios y Candelaria, que en 1996 grabaron para un sello independiente creado por el artista de música popular Carlos Vives. Documento es una crónica urbana de la Bogotá de fin de siglo, llevada a sonidos melancólicos y meditabundos perfectamente ejecutados. 2. Los Árboles/Presenta hoy su primer disco.... Los Árboles (1997). Agrupación de la escena subterránea de Medellín de comienzos de la última década, estuvo en pie hasta 1994 cuando se desintegró. Las canciones que conforman este disco fueron publicadas por primera vez en un demo que se lanzó localmente en 1992. La música es disonante, densa y corrosiva, y las letras aúllan como un perro en la intemperie (Jonás, El acre sabor de su carne, Perroviejo...). 3. Alas de prueba. César López (1999). Joven pianista colombiano que ha estado en el background de otros proyectos musicales en el país, sorprendió con este disco instrumental que, según él, “fue hecho para contestarle a la muerte, a la desesperación”. El álbum lo componen once piezas bastante emotivas y de belleza simple. Las secciones de cuerdas y de percusión lo nutren con una atmósfera fría, en la que el piano se abre campo con una tesitura neoclásica. César López se hizo en la escena del rock colombiano, pero con Alas de prueba demostró que posee la concentración y el talento suficientes para adelantarlo. 4. Bloque de Búsqueda. Bloque de Búsqueda (1996). En 1998 y tras cinco años de trabajo en la escena bogotana, Bloque de Búsqueda redujo su nombre al de Bloque y del sello nacional Sonolux pasó al cotizado catálogo del norteamericano Luaka Bop, de propiedad del ex Talking Head David Byrn. En el último año, Bloque, que reeditó este álbum en 1999, ha realizado importantes giras internacionales en el circuito de la world music y sus músicos desarrollan paralelamente otros proyectos de fusión y música tradicional del país (sobre todo del Caribe colombiano). Con una fogosa y heterogénea rítmica, Bloque ha utilizado el rock para explorar con sentido estético las raíces folclóricas colombianas y afroamericanas. El disco Bloque de Búsqueda, en cualquiera de sus ediciones, da muestra de su buen trato a los instrumentos autóctonos y de un salvajismo rockero bien llevado a la práctica. 5. Las nuevas aventuras de La Pestilencia. La Pestilencia (1992). Leyenda nacional del punk rock, ha influenciado a las barriadas de las grandes capitales colombianas y a los círculos más cerrados de rockeros de culto. Las nuevas aventuras... demostraron poseer unos principios ideológicos no vinculados a la demagogia comercial del género. Este disco advirtió a los medios de comunicación sobre la existencia de una corriente nacional de músicos inconformes con las leyes gubernamentales y de la industria. Finalmente, sintetizó con acordes rápidos y letras de denuncia los horrores de la guerra nacional, la corrupción del Estado y la farsa de los sistemas de elección popular. 6. Ultrágeno. Ultrágeno (1998). Simbiosis de una generación de prácticas radicales, las raíces de Ultrágeno surgieron en la efervescente manifestación del grunge, a comienzos de los 90. Su escuela fue la calle bogotana que a mitad de esta década militaba en la música industrial, el hardcore, y los primeros avances notables del trip hop y el power metal. Su aparición oficial se dio en 1996 como un activismo contra la decadencia del virtuosismo. En tres años y un solo disco, éste, la banda expandió su música por todos los segmentos sociales de una ciudad capital de brutal contraste, Bogotá, y reflejó una década que glorificó el ruido. 7. La derecha. La Derecha (1994). Cuarteto bogotano formado un año atrás de su debut. En su CD de 1994, primero en una discografía de dos títulos, La Derecha llamó la atención de un sello internacional como Culebra de México y de un productor inglés de renombre como Richard Blair. Demasiado adelantado para la época en que surgió, el álbum es un completo documento sobre los sonidos urbanos de las grandes capitales. No es localista y transgrede cualquier asociación con las tendencias comerciales. Digno de confianza, fue archivado por las emisoras sin una revisión detallada de toda su propuesta musical. La Derecha se desintegró hacia 1997. 8. Con el corazón en la mano. Aterciopelados (1993). Este álbum logró una provocativa visión de la cultura popular colombiana con base en una estructura rítmica que onduló entre el heavy metal y el neopunk. Los Aterciopelados sorprendieron entonces por su iconografía y por el perfil desfachatado de canciones como Mujer gala y Sortilegio. Retomaron estructuras musicales del submundo bogotano como la ranchera, el corrido y la guascarrilera, y las revirtieron en la escena bajo el poder del kitsch. La imagen de su vocalista rapada y punk, los hizo visibles en una atmósfera mojigata. 9. ¡Gaitanista!. El Hotel Regina y La Orquesta Sinfónica de Chapinero (1990). Proyecto discográfico independiente, fue realizado por los periodistas colombianos Eduardo Arias y Karl Troller, entre diciembre de 1989 y febrero de 1990. Fue concebido entre la pareja de escritores y una banda bogotana que se dio a conocer durante la época con el nombre de Hora Local. Su irreverencia llamó la atención de los coleccionistas y de algunos medios locales, que exaltaron lo retro de su discurso político: La revolución del 9 de abril y la inmolación del caudillo Jorge Eliécer Gaitán. A partir de esa transformación de la historia nacional, el álbum recapitula el quehacer político, económico, deportivo y social de Colombia hasta la década de los 90. En medio de un humor negro y desabrochado, su música reivindica la cultura del jingle y del pop plástico. 10. El ataque del metano. La Etnnia (1995). La Etnnia es el fenómeno oculto del rap en Colombia. Millares de jóvenes militan en su música y sus letras atacan lo establecido con el poder de la rima. El grupo ha luchado para que el rap nacional no se convierta en una marca de ropa. Aparte de ser pionera de este movimiento en Colombia, ha publicado tres discos y posee su propio sello discográfico. El primero de ellos fue El ataque del metano, que sacó a flote el activismo real del hip hop bogotano. 11. Ciegossordomudos. Ciegossordomudos (1998). Trío de músicos experimentados que también participan en otras agrupaciones como Aterciopelados, Bloque y La Provincia. La música de este álbum bien podría definirse como un vitaminizado jam session entre la herencia eléctrica del blues y la percutiva de la música colombiana. En medio de esta performancia, se traen a cuento acordes de Jimi Hendrix, transmisiones ente operadores aéreos y fábulas de la cultura popular. Muy bien ejecutado. 12. Aquí vamos otra vez. 1280 Almas (1994). El segundo álbum de esta banda bogotana llevó a escena a mitad de la década a un sector de músicos y oyentes del rock que se encontraban flirteando con la salsa, el ska y el reggae. Desde una base de fusión punk, 1280 Almas presentó a través de este disco un discurso de tinte contestatario que no necesitó de mucho tiempo para acaparar la atención. |
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