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Loca Pasión La música es más un asunto de vísceras que de tecnología, de pasiones que de comodidad. La fidelidad alrededor de los viejos discos de acetato es algo que no se puede poner en duda a estas alturas del partido. Será porque son grandes e incómodos de llevar a una fiesta. Será porque se rayan con facilidad, toca limpiarlos antes de ponerlos, si se dejan al sol se dañan o porque hay que ponerles su condoncito antes de meterlos entre el empaque. O de pronto porque con ellos todo es a mano, puede haber equivocaciones, se ven las pistas claritico y son prácticamente los mismos, fieles, ajados, mustios, desde hace casi 100 años. Los discos de acetato -esos negros rayados con barriga de color y ombligo- se pasean como reyes durante todo el siglo veinte, pausados, pesados, satisfechos como los músicos de Jazz que grababan con el sello RCA-Víctor. Trataron de desplazarlos. Los cassettes llegaron haciendo fuerza. Son pequeños, prácticos -caben entre un bolsillo-, pueden ponerse en el carro o en la playa, prestarse con más tranquilidad a los amigos, grabarlos y regrabarlos con facilidad: Para asegurar la grabación se le partían las aletas de arriba, y para regrabarlos bastaba con poner algo de cinta pegante. También entraron en los setentas los “cartuchos”, unas cajas plásticas un poco más grandes que los cassettes en la que se enrollaba una cinta un poco más ancha en busca de mayor fidelidad. Estos sí no funcionaron. Se ditribuyeron principalmente desde los estados Unidos, pero sus problemas técnicos eran mayores que sus virtudes, así que después de una no muy feliz difusión terminaron saliendo del mercado. Y los discos de acetato, los famosos L.P., ahí. Vendiéndose, comprándose, coleccionándose. En los ochenta, sin embargo, parecía que el reinado se acababa. Comenzaron a circular unos discos más pequeños, delgados, livianos, tornasolados... comenzaba el imperio del Disco Compacto, el Ci-Di, el Dé-Cé, para los vernáculos y los ortodoxos. Eran otros tiempos. El láser, en vez de la aguja -que se partía, que se dañaba, que había ir a comprar después de ahorrar de la mesada y antes de que el papá se diera cuenta- prometía limpieza absoluta en el sonido, cero fritanga al comenzar y terminar cada corte. Nada qué hacer: Son más prácticos, se pueden usar en el equipo de sonido y en compurtadores diariamente más potentes con la misma facilidad. Además, es absolutamente play el sonido que hacen al entrar y salir del radio del carro, a las niñas les encanta. Pero, ¿y la música...? Extrañamente los verdaderos amantes de la música, los melómanos de tradicioón encuentran a finales del siglo XX, cuando el Minidisc y el tan mentado MP3 amenazan con nuevas revoluciones técnicas y de mercadeo, siguen aferrados a sus viejos acetatos y les dan el carácter de piezas de colección. Existe una distribución no oficial de discos usados en diferentes sectores del país, lugares donde simplemente la gente se encuentra para comprar y vender discos viejos, lom que sirve de pretexto para hablar de los favoritos, para mostrar curiosidades y, finalmente, para establecer vínculos a partir de la pasión común por algún tipo de música: Salsa, Rock y Jazz son los favoritos de los coleccionistas, según María Consuelo Betancur, distribuidora de una tienda del centro de Bogotá. Colecciones hay, además, desde lo dos viejos acetatos que se conservsan desde la primera comunión, hasta los 5.000 ó 7.000 dentro de los que el orgulloso propietario muestra algunas piezas imposibles de conseguir en el mercado, algo así como un incunable para los amantes de los libros. Carlos Heredia, melómano sin remedio, y amante de de los acetatos, habla de tres elementos fundamentales para su pasión: Primero, claro, los acetatos necesitan cuidado, la mano amiga del amo que les diga que existe; segundo, el hecho de que estén ligados al origen de la música grabada deben ser considerados clásicos; y, sobre todo, su colección está íntimamente ligada con la memoria y la nostalgia del coleccionista, lo que los hace irremplazables. Al contrario de lo que podría pensarse, el sonido del acetato -de un buen acetato, reproducido en un tornamesa adecuado y con una aguja Linn de más de US$2,000.oo- es más fiel que en un Disco Compacto, con lo que el mito de la pureza del su sonido se viene al piso. Según Heredia, la grabación análoga, en oposición a la digital, es más cálida -tiene una mayor sonoridad- que la digital, y una mayor definición.Sellos famosos, por su calidad, para tener en cuenta: FM, Akanta, Dellos, Enlla... De cualquier manera, con miles de razones o sin ellas, la colección y la fiedelidad a los discos de acetatos están determinadas por el amor, a la música, a la historia y a la historia de la música. |
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