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El mundo fue y será una porquería (kitsch) La
Coca Sarli, Jorge Polaco, Federico Klemm, Alberti y Capusotto como maestros de
ceremonias. Todo vale en la Santa República del kitsch.Por: Equipo de Calle22.com, Buenos Aires Durante la elaboración de esta nota, el equipo argentino de Calle22.com se hizo una promesa: no debe pasar más de una semana antes de concretar una reunión hogareña para ver en video La dama regresa -la pelítschcula de Jorge Polaco con Isabel Sarli- regada con cerveza, palitos y maní. ¿Qué mejor que semejante canto al mal gusto para festejar el gobierno de una no estética que se ha puesto de moda? Fabio Alberti y Diego Capusotto miran el mundo desde esa plataforma kitsch que han creado para sí mismos en Canal 7: Todo por dos pesos, donde el absurdo y la obviedad se unen en santo matrimonio para causar gracia por el efecto estupidez. Gol. Todo el mundo habla de Todo por dos pesos ¡y en canal 7! Desde el cable, el pseudoandywarholoso Federico Klemm grita apasionado intrincadas explicaciones teóricas sobre la apreciación del arte plástico. Lo hace enfundado en ajustados pantalones de cuero. Federico Klemm es un canto al kitsch. Durante diez años -Menem mediante- la estética oficial tuvo mucho de kitsch. Mucho dorado. Mucha cirugía, mucho implante. Fue la época en la que los diseñadores de moda -Ante Garmaz, Roberto Piazza- y los coiffeurs delinearon el estilo que sin proponérselo fundó la santa república del kitsch. Hoy, el movimiento oficial está en retirada y fue aplastado por la estética delarruista de la austeridad -¿kitsch también?-. El dorado fue reemplazado por el gris y el azul-traje-de-funcionario. Las canas volvieron a brillar y las ojeras se pusieron de moda. Los coiffeurs y los diseñadores volvieron a su lugar, del cual nunca debieron salir. ¿Por qué elevar a categoría de estética o movimiento artístico lo que simplemente solíamos llamar mersada o grasada? Reconozcamos que estamos viviendo en una época en la que el revival y el culto a la década de los 60 y 70 está en franco auge. La ropa, gracias a la cual están embolsando sus buenos cobres las ferias americanas; los programas de TV; las comiquerías.en donde Batman ya tiene traje de astronauta, y las reediciones en video de series como Robotech, Astroboy y Meteoro. Ni hablar de Star Trek, las nuevas versiones de la Guerra de las Galaxias, el bendito canal Volver, el fabuloso Uniseries. Todos estamos reviviendo constantemente la infancia desde esos lugares. Y si aparece un movimiento cultural que enmarca toda esta resurrección, no está fuera de lugar. Además es cierto: no se puede tildar de grasa algo que nos amamantó de niños. No sería de buenos hijos rechazar a nuestra cultura nodriza. Lo kitsch sucede cuando uno toma elementos de esas otras épocas y las inserta en el presente. Quedan desubicadas, estridentes, son reconocibles por quedar en orsai con nuestro entorno cotidiano. Es el efecto del contraste en sí mismo la esencia del fenómeno kitsch, tanto válido en el caso de los nuevos ricos con sus jarrones Ming y sus flores de plástico, como en el de las chicas con pelos como la 99 y maquillaje como Susana Giménez en la época de ¡Shock!. Objetos como pisapapeles de acrílico, vírgenes pintadas de flúo, pantallas de lámparas con enormes floripondias coloreadas a mano, cajitas de música que sirven de alhajeros (pero no de madera laqueada y detalles en oro como las originales, sino de plástico, he allí lo que decía Bustamante acerca de la copia de lo excelso), los vestidos y las fiestas de 15 años, causan desconcierto y choque, disgusto o sorpresa. Parece que en el kitsch está bien todo lo que dentro de otras categorías estéticas está decididamente mal. Por eso lo llaman, precisamente, basura. En fin, la lista es larga y basta conocer un par de reglas para identificar a los íconos, Idolos y sucesos kitsch: La Chona, Catita (ilustre personaje de Niní Marshall), Johnny Tolengo (el personaje de Juan Carlos Calabró), Pedro Almodóvar, Federico Klemm (quería ser Andy Warhol, pero el traje le quedó chico), Los Amado (cantan boleros...vestidos como en los ’50. Imperdibles), El mundo de Ante Garmaz, Tetonet (bueno, el Teto Medina en general), Baccarat (cantan pop sesentoso... vestidos como los Amado), Los B’52 (anclaos en los 60), Donald y su éxito perenne Las Olas y el Viento, Eduardo Bergara Leumann y sus ángeles, los Angeles de Smith, los programas de Gerardo Sofovich, las películas de Hugo Sofovich, la mirada penetrante de Tristán, Lita de Lázzari, muchos de los programas del canal de cable Utilísima, las porristas de Mauricio Macri (¿aún existen?), las revistas tipo Semanario o Foco, el cine argentino de la dictadura, Rolo Puente, Alterio y su frase: "la pucha, que vale la pena estar vivo" (en Caballos Salvajes, los travestis mediáticos, los talk shows preguionados, la esposa de Claudio Caniggia, la mamá del fallecido Rodrigo, Crónica TV, Crónica TV, Crónica TV....y Crónica TV. |
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