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Perdonen la simpleza Joaquín Sabina, perdonen la tristeza es un libro que buscaba contar el espíritu del compositor español, pero que se reduce al detalle de sus anécdotas. ¿Será que eso es Sabina? Por Sonia Sierra E. Calle22.com, México Con una confesión, así inicia el crítico musical Javier Menéndez Flores esta biografía autorizada de Joaquín Sabina Perdonen la tristeza (Plaza y Janés). Confiesa la poca atención que le había prestado a la obra del cantautor español y relata cómo una de sus letras, Esta boca es mía, lo atrapó. De ese punto de partida, dice, se dirige hacia un interés muy concreto: Sabina como escritor. Entonces detalla, masculle las millares de anécdotas y a lo largo de las 287 páginas que le dedica al compositor, se queda en eso, en las anécdotas... ah y en algo más, cómo no, en el relato de las infinitas novias de Sabina. Perdonen la tristeza es un libro cronológico. En ese sentido, la aventura del biógrafo va a la segura. Menéndez cae en la trampa de lo fascinante que resulta el flaco, ateo, escéptico, irónico, tímido, provocador, exultante, ciclomático, calavera, tramposo, entrañable, realista y soñador de Sabina. Ese andarín que se mueve por mundos sórdidos y que alimenta su obra de ellos; que los retrata, al tiempo que los vive como pocos. “Ha venido al mundo un niño sindiós” es el primer capítulo del libro. Es quizás el que mayor investigación ofrece, el que más comparte detalles sobre esos primeros años del cantautor español. Aquí se cuenta su juventud, sus escritos iniciales y su actividad como militante político cuando, con unos compañeros, puso un coctel molotov, hecho que desencadenó su detención y posterior exilio en Londres durante siete años. En adelante, Menéndez cuenta, capítulo por capítulo, los 13 discos del compositor, desde Inventario hasta 19 días y 500 noches (deja fuera dos compilaciones). En cada uno están todos los secretos, los encuentros, los temas que iban a ser y no fueron; las peleas, el gusto por crear cada canción. En el capítulo dedicado al disco El hombre del traje gris recoge, como a lo largo del libro, entrevistas que dio Sabina. En una vieja conversación el cantautor dice: “este es mi disco más serio, menos comercial y con más sentido que he hecho en mi vida. Después de acabar cada nuevo trabajo a mí me queda como una sensación de desamor, de desafecto, por no decir odio acerca de él... Pero ahora no, todavía me encuentro en luna de miel con su contenido... Este disco es especialmente siniestro y macabro“. Páginas más adelante, entre encuentros con figuras, grandes conciertos con amigos, letras de canciones y fotos, aparece el capítulo de Enemigos íntimos y el final del amor entre Sabina y Fito Páez. El biógrafo relata los detalles, recoge los faxes, las noticias, hasta los rumores. Todo; pero todo visto desde el lado de Sabina. Aquí, como a lo largo del libro, Menéndez queda debiendo una entrevista confrontadora con el músico y escritor, una entrevista en la que confirme, por ejemplo si El hombre del traje gris sigue siendo, seis discos después, su obra más seria. Mucho del libro, pues, se basa en las entrevistas concedidas en su momento. Al final, como pilón, ñapa o regalo extra, se incluye un bello epílogo “Pongamos que hablo de Joaquín” en el que 14 figuras de la literatura, el cine, la música y la política se lanzan a escribir sobre el cantautor. Aquí están, entre otros, Antonio Muñoz Molina, Lolita, Juan Echanove, Joan Manuel Serrat y Miguel Ríos. Perdonen la tristeza no es un mal libro; incluso está autorizado por el músico. Es un libro donde hay muchos detalles para conocer a Sabina, pero no responde a la promesa que plantea del biógrafo. Sabina sigue en deuda con sus lectores/oyentes. |
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