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Lobos, boletas, chillones, guisos y... Kitsch. Unos se la pican de artistas y se autodenominan kitsch, pero la mayoría, a los ojos ajenos, no pasan de ser lobos, iguazos o, simplemente, boletas. ¿Quién es quién? Por: David Posada Calle22.com, Bogotá El principal problema de todo ser humano al comenzar el día, antes de preocuparse por que va a desayunar, es qué se va a poner, cómo lo va a combinar. Se pide opiniones, se mira al espejo, y se sale con un extraño complejo de persecusión durante los 15 minutos que le siguen al pasar la puerta. Lo que viene después es simple: una seguridad total, un sentimiento de superioridad que da para ponerse a criticar por las siguientes 20 horas. ¡Lobazas!, ¡guisas! y demás calificativos van y vienen, aplastando a los demás, elevando el ego y la seguridad. No podemos negarlo, existen personas que nacieron para ser lobas, chillonas y boletas. La regla dice: no te pongas media blanca con pantalón negro. Pero no, ¡ellos tienen que ser rebeldes y ponerse la maldita media blanca delgadita - y cortica- con el pantalón y los zapatos negros! No es que estemos de gurús de la moda, pero el sol no se puede tapar con las manos. Así cierres los ojos, los demás te van a ver: eres una boleta, un lobo. Existe otra vertiente más artística que propone una estética del mal gusto, una combinación de choque que lleva por dentro la carga histórica de las estéticas pasadas. Una corriente que tiene la habilidad de repelerte y atraerte al mismo tiempo. Empiezas a preguntarte: ¿será que estoy muy boleta? ¡Pues sí, y que! Así me gusta. Esto se llama Kitsch. ¿En dónde comienza la paradoja del kitsch? Es en el momento en el que se retoman las modas y estéticas del pasado y se diluyen en el contexto cultural actual. Por ejemplo, en su momento la mujer maravilla fue un modelo estético a seguir, hoy día se le llama kitsch a los calzones azules con estrellas que tanto nos gustaban. Lo mismo pasa hoy con Claudia de Colombia, Camilo Sesto y demás. Es provocar la colisión entre las estéticas pasadas y las presentes, esas que en algún momento de nuestra vida fueron saturadas y guardadas en el ropero o en el cuarto de San Alejo. Pilas que a Marbelle no le basta con que le pagen por ser boleta para convertirse en la diva del kitsch: No, el kitsch no se da cuando uno es boleta descaradamente, se da cuando se retoman estéticas pasadas, y se combinan con los contextos actuales. Es algo así como el uso que se le da a las cosas extravagantes, no el ser extravagante en sí. Generación tras generación hemos venido agrandando el diccionario de bienes saturados de consumo masivo y todos desembocan en un solo sinónimo: basura. Esa cantidad innumerable de discos, ropa, accesorios y parafernalia en general que ha terminado empolvada en un rincón de la casa o, en el mejor de los casos, en un cuarto especializado léase san alejo.. Puede ser que cansados de tanta basura hayamos encontrado la manera de hacerla bella, o puede ser que el consumismo y nuestra estupidez hayan llegado al extremo de hacer de la basura un bien de consumo y un objeto artístico. De cualquier manera, hay quienes lo asumen como una forma de burlarse de sí mismos y de los demás; hay otros que lo toman como su estética personal y estilo de vida. Quizás sean los dos mezclados en nuestro inconsciente histórico. Siendo el Kitsch algo en lo que generalmente evitamos caer, la mejor manera de no hacerlo es sabiendo qué se está haciendo... algo así como lo que decía Augusto Pinilla, uno de los más rudos poetas colombianos y profesores de la Javeriana "...copien copiando y sabiendo que copian, para que cuando escriban no copien sin saber qué están copiando..." O sea que el ser Kitsch es algo que se merece, algo que hay que ganarse. De otra manera usted sólo es un lobo más en esta inmensa selva. Entonces los diferentes personajes y contextos, unas veces satanizados, otras elogiados, pero eso sí, siempre boletas (algunas veces kitsch), han adquirido este título por mérito propio. ¿Será que Jorge Barón se da cuenta de lo Kitsch de su existencia?, ¿Será que a Camilo Pombo le importa que sus gafas sean diferentes? ó ¿a Marbelle le interesará cambiar su estética de afiche de taller de mecánica? Todos estos son ejemplos de la autoaceptación y explotación de la estética de la colisión ¡Ojo! que no pase usted por boleta siendo kitsch o viceversa. La intención es llamar la atención, pero hay que tener cuidado con la forma de hacerlo porque hay que tomar responsabilidad de nuestros actos: si somos kitsch es porque queremos serlo, pero si somos lobos y boletas también es por decisión propia. En ambos casos hay que reñir lo más posible con las nociones de buen gusto. Entre más espectacular la colisión, mejor el resultado, pero unos siempre serán kitsch y otros siempre boletas. Felicitaciones Marbelle. |
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