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Adiós al maestro ´Princesa Mononoke´ es el último y majestuoso aullido de la animación clásica japonesa. Lanzada en Japón en 1997 y dos años después en el resto del mundo, es una película impresionante que se queda en la cabeza. Por: Manuel Kalmanovitz G. Editor Cine y Entretenimiento Hasta que llegó el Titanic en 1999, la película más taquillera de todos los tiempos en el Japón era Princesa Mononoke el animé (cinta de animación) más caro producido por la industria local. La película es un monstruo grande y pesado de más de dos horas de duración, lleno de grandes temas y de repercusiones míticas, ambientado en el Japón de los siglos XIV y XV. Comienza cuando el guerrero Ashitaka, un joven que ha sido elegido para dirigir a su pueblo, se ve obligado a matar a un Tatari Gami, un dios-jabalí que se ha transformado en una fuerza destructiva arrasando con todo lo que encuentra a su paso. La transformación es repelente: gusanos le salen por todas partes y es imposible saber qué es lo que hay bajo la superficie. En la pelea contra el Tatari Gami, Ashitaka sufre una extraña herida en un brazo que, según la hechicera del pueblo, es incurable. La única posibilidad de cura es encontrar la razón por la que el Jabalí se convirtió en Tatari Gami, es decir saber de donde viene una esfera de metal que el animal tenía en sus entrañas. Y ahí comienza su viaje. Princesa Mononoke replica la estructura básica y llena de resonancias de muchos mitos: un joven guerrero que debe emprender un viaje para encontrar una nueva vida (o la madurez). De hecho esa misma estructura es la que está debajo de La Guerra de las Galaxias y muchas películas de Hollywood. Pero a diferencia de las versiones gringas cada vez más insaboras (como lo demuestra ese bodrio que es La amenaza fantasma) la película de Hiyao Miyasaki no se esconde de los horrores. Al principio de su viaje una pandilla trata de detener a Ashitaka y manos y cabezas amputadas vuelan por los aires. La violencia es chocante y sorprendente, pero no gratuita. Si no hay sufrimiento (que es la tendencia en Hollywood) el viaje del héroe pierde su sentido. Como dice Miyazaki: "Cuando hay peleas, inevitablemente se derrama sangre y uno no puede evitar mostrarla. Sin embargo, aún en medio del odio y la muerte hay cosas por las que vale la pena vivir. Un encuentro maravilloso, o una cosa bella puede existir. Mostramos odio para enseñar que hay cosas más importantes. Mostramos una maldición para enseñar el gozo de la liberación". La princesa Mononoke del título aparece inmediatamente después de la pelea, cuando un grupo de lobos ataca una caravana. Encima del mayor de los lobos hay una muchacha a la que la gente llama princesa Mononoke (Mononoke quiere decir "el espíritu de algo" y es una palabra que en japonés se usa para explicar todo lo inexplicable), que ha sido criada por dioses-lobo y lucha junto a ellos contra los humanos. El conflicto central que encuentra Ashitaka es el siguiente: el pueblo de Tatara Ba (traducido como "el lugar donde se hace el acero") está creciendo. Por eso debe arrasar con los bosques que lo rodean y que les proporcionan el combustible para fundir el metal. Contra esta gente están los espíritus del bosque, del que hacía parte el jabalí convertido en Totori Gami y los lobos de la princesa, que tratan de acabar con los humanos antes de que ellos terminen con el bosque. Y Ashitaka está en el medio, como el árbitro central de un partido de tenis, mirando lo que pasa a cada lado tratando de no involucrarse demasiado. Princesa Mononoke es también una tragedia. No hay buenos ni malos, cada protagonista cumple con su papel y el resultado final es inevitable. Lo más cercano que hay a un villano es Eboshi Gozen, la líder de Tatara Ba. Pero los motivos que la empujan a enfrentarse con los dioses del bosque son claros y comprensibles: el bienestar de su comunidad. Y aunque el personaje tiene una corriente subterránea de sadismo, también es posible ver que alguien más dulce o pasivo jamás habría logrado hacer que un pueblo como Tatara Ba llegara a ser lo que es. Princesa Mononoke puede verse como el capítulo final, el más sofisticado y complejo, de la animación clásica dramática del Japón. Y eso la hace aún más emocinante. El director y guionista Hayao Miyasaki es un veterano que comenzó su carrera en 1963, cuando tenía 22 años. Participó en cientos de proyectos incluídas las series animadas de televisión Lupin III (1979), Heidi (1973) y Marco, de los Apeninos a los Andes (1975) e hizo la obra de su vida con Nausicaä, del valle del viento, un manga que dibujó entre 1982 y 1994. Tras acabar Princesa Mononoke Miyasaki declaró que se retiraría de la animación. Se sentía demasiado viejo para coordinar de cerca los proyectos en los que se involucraba. Pero su despedida no pudo haber sido más exitosa. Fue la película animada más cara en la historia del Japón (costó cerca de U$20 millones) y también la más exitosa (recaudó U$180 millones). Luego se convirtió en el video más vendido, con más de cuatro millones de copias en el país. Y ahora está siendo descubierta por el resto del mundo. En Estados Unidos una versión doblada por figuras como Claire Danes y Billy Bob Thornton y con guión de Neil Gaiman fue estrenada el año pasado. Fue distribuída con éxito por Walt Disney. Las razones del éxito son fáciles de ver: no hay nada como un mito para mover a la gente. Y Princesa Mononoke es uno de los mitos más conmovedores que haya producido el cine mundial recientemente. |
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