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La guerrilla, el nuevo cartel
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En colombia el terrorismo es una política de Estado

Las autodefensas, otro factor de terrorismo en Colombia

Los cuatro rostros del terrorismo

La época en donde los asesinatos eras cometidos únicamente por motivos políticos quedaron atrás, no sólo en los calendarios. Hoy la cultura del terror en Colombia se ha especializado en sus métodos y se ha extendido por todos los niveles de la sociedad. Nadie está excento.
Por Jorge Mahecha
Calle22.com


El 9 de abril de 1948 marcó un hito en la historia de Colombia. No sólo por la muerte del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, sino porque ese día el terrorismo llegó al país para quedarse. Desde ese momento, la violencia, en todas sus expresiones, se manifiesta en esta nación, produciendo caos y destrucción a todo nivel. Van 42 años de muerte y seguimos contando.

Pero al tiempo que ha cobrado, según cifras oficiales, cerca de 300 mil vidas, las acciones terroristas se han tecnificado hasta instaurar el empleo de métodos que superan en mucho los peores ejemplos de la historia universal.

En Colombia, para empezar, el terrorismo no puede entenderse sólo como la explosión de carros bomba o la generalización absurda del genocidio. Tiene que ser visto como una política de Estado que se ha extendido a todos los niveles de la sociedad, como lo manifiesta una investigación realizada por el violentologo Oswaldo Ramírez:

"La crisis de los derechos humanos en Colombia no ha tenido las manifestaciones externas de las dictaduras militares que asolaron el continente latinoamericano en las décadas pasadas; pero se ha alimentado de las mismas prácticas en la comisión de crímenes de lesa humanidad: torturas, ejecuciones extrajudicales, desapariciones forzadas y genocidio; en un marco similar de terrorismo de Estado. Lo peculiar y paradoxal a la vez es que hablamos de un formal régimen civil que se ufana de ser una de las democracias más estables y antiguas del continente".

Muerte, política oficial
El Estado ha sido responsable de múltiples desplazamientos humanos, sirviendo a intereses de multinacionales (caso de las bananeras en 1928), o simplemente como resultado de la represión política, especialmente en los centros universitarios.

Así mismo, como lo menciona un informe sobre sobre la política en Colombia realizado por el Partido Comunista Colombiano, "ha permitido, y en algunos casos patrocinado, la aniquilación de movimientos políticos como la Unión Patriótica", organización que nació en 1985 como una alternativa política de las Farc, pero cuyos cerca de dos mil miembros, incluidos el candidato presidencial Jaime Pardo Leal y el congresista Bernando Jaramillo, fueron asesinados o desaparecidos.

Desde hace más de 40 años, apoyado en los conceptos emitidos por la Escuela de las Américas, el estado colombiano financia grupos de autodefensa, que inicialmente tenían como objetivo impedir el avance de grupos procomunistas. Hoy, estas organizaciones se han reunido en una fuerza militar que hace las veces de estado paralelo en varias regiones del país.


Drogas, bombas, y sicariato
Y que decir del narcotráfico. Durante la década de los 80, cientos de civiles murieron en atentados con carros bomba en Bogotá, Medellín y Cali, en medio de la guerra que sostenían las organizaciones de narcotraficantes más grandes del mundo (el cartel de Cali y de Medellín), y su lucha contra la extradición. El recuerdo más vivido de esos oscuros años fue el atentado con más de 500 kilos de dinamita a la sede del Departamento Adminsitrativo de Seguridad, DAS, en Bogotá, que destruyó más de 20 cuadras a la redonda.

Pero más allá de las bombas y de la generación de la economía ficticia que se movía alrededor de este ilícito, el narcotráfico dio a la luz el sicariato. Un fenómeno que llevó a jóvenes que no pasaban de los 15 años a convertirse en asesinos motorizados, solo para ganarse una nevera para su mamá que vivía en los barrios de invasión.

Muchos de los jóvenes que formaron parte de los ejércitos del narcotráfico murieron, otros lograron escapar o están en las cárceles. Pero la conclusión real es que hoy toda una generación sin futuro vive en los cinturones de miseria tratando de encontrar una salida similar a sus vidas.

Claro que el Estado respondió con las mismas armas. Según una investigación realizada por el periodista estadounidense Mark Bowden, las muertes de Pablo Escobar y los principales miembros de su organización, fueron fruto de una operación conjunta entre la policía colombiana, agencias de inteligencia de Estados Unidos y un grupo integrado por militares denominado Los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar).

Los dineros del narcotrafico influyeron en todos los niveles de la sociedad, abriendose campo gracias a la violencia y eliminando a quienes se oponían a sus propósitos. Luis Carlos Galán, líder del nuevo liberalismo y quien era ferviente enemigo del tráfico de drogas y de la política tradicional, fue asesinado en 1989 como consecuencia de una alianza entre miembros del cartel de Medellín y senadores del partido liberal. Y en 1995, Alvaro Gómez Hurtado, ex designado conservador y lider de la oposición del mandato de Ernesto Samper (quien recibió dineros del narcotráfico para financiar su campaña a la presidencia) fue asesinado a la salida de un centro universitario, hecho al cual han sido vinculados varios miembros de la inteligencia del Ejército.

¿Guerrilla, narcoguerrilla, ó nuevo cartel?

A ese panorama, se suman los grupos armados en armas. Los cuales han pasado de los ataques a pueblos pequeños y asaltos a las sedes de la Caja Agraria que caracterizaron su accionar durante años, a las minas antipersonales, hasta llegar a los ataques con pipetas de gas y los secuestros masivos de civiles y militares. Actualmente, el 70 por ciento de los más de dos mil secuestrados que existen en Colombia están en poder de las Farc y el Eln, sin contar a los 500 soldados que permanecen retenidos en un campo de concentración ubicado en medio de la selva al cuidado del "Mono Jojoy".

En Cali, segunda ciudad de Colombia, en menos de un año, el ELN realizó dos secuestros masivos de civiles. En uno de ellos fueron retenidas más de 30 feligreses que estaban asistiendo a un acto religioso; mientras que en el otro, 30 personas que departían en varios restaurantes de una zona turística aledaña a la ciudad fueron secuestradas, pero gracias a una fuerte acción militar, fueron liberadas en su totalidad dos meses después. Sin embargo tres secuestrados fallecieron en cautiverio.

Terrorismo en grande
La delincuencia organizada ha tomado como ejemplo las acciones terroristas que desde el Estado y desde la insurgencia han puesto contra la pared a 40 millones de colombianos durante los últimos 40 años.

No sólo han estado al servicio de uno u otro bando, como la banda La Terraza de Medellín que realizó a nombre de las autodefensas varios asesinatos como el del humorista Jaime Garzón y el secuestro de varios políticos antioqueños, sino que han utilizado los mismo métodos del narcotráfico y la guerrilla para alcanzar sus objetivos.

Es así, como el mundo vio con horror como Ana Elvia Cortéz, una humilde campesina del municipio de Chiquinquirá, murió al explotar un collar bomba que le había sido colocado para presionar la entrega de 15 millones de pesos.

Aunque inicialmente se creyó que había sido obra de la guerrilla, días después se conoció que delincuentes comunes, que operaban en la región, habían recurrido a este método tras enterarse de que uno de los hijos de la campesina había recibido esa cantidad días antes.

Ojo por ojo
Y como los colombianos somo tan buenos para imitar... lo malo, ya las riñas personales no se resuelven a los golpes, sino con sicarios. Incluso en varias ciudades hay lugares donde uno puede ir y localizar a un mercader que por 50 o 100 mil pesos "le hace la vuelta".

En Cali, a medidados de noviembre, mientras la guerrilla atentaba con cilidros de gas la sede de la Tercera Brigada, dueños de varios locales comerciales arreglaban sus diferencias lanzándose petardos a las puertas de los negocios.

Ya se dice que la guerrilla y las autodefensas tienen helicópteros artillados, lanza-cohetes, y como van las cosas, el día de mañana tendremos un misil nuclear guardado en el Putumayo.

Y la cosa no es sólo en el mundo de los negocios. Miguel Acevedo, un estudiante unviersitario, dice que las riñas entre estudiantes se han convertido en verdaderas "vendettas". "Si uno quiere pelear con alguien primero tiene que averiguar el respaldo que tiene, porque si uno comienza una pelea se terminan metiendo 20 más y el problema sigue por días y se agrava a medida que pasa el tiempo".

Lo peor de todo es que la gente se acostumbra. Ya no se impresiona al ver un muerto al frente de su casa. Los noticieron sólo cubren homicidios si los muertos "son de 10 para arriba", y la gente insiste cada día en resolver sus problemas a los puños y no con las palabras. Una espiral de violencia que crece y crece.



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