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Samuel L. Jackson es Shaft.
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Samuel L. Jackson es más terrorífico que cool, más descontrolado que fresco, remplaza la suavidad del original por rabia contenida y malas vibraciones

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Richard Roundtree, el Shaft original.
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Christian Bale, el malo.
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Shaft protege a una testigo.
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Intercambio generacional entre los dos Shaft.

Un policía con problemas de actitud

Shaft es el reencauche de la película de 1971 que creó todo un género. La nueva versión, protagonizada por Samuel L. Jackson y dirigida por John Singleton, es una desganada historia de policías y ladrones.
Por: Manuel Kalmanovitz G.
Editor Cine y Entretenimiento


En 1971 los estudios de Hollywood descubrieron que existía el público negro. En ese año MGM sacó Shaft y tuvo tanto éxito que terminó por originar todo un género conocido hoy como blaxploitation (un juego de palabras entre black=negro y exploitation= el género cinematográfico de explotación), poblado de putas y chulos, vendedores de drogas y junkies, peinados esponjados y pantalones botacampana.

Los logros del género fueron muchos, al igual que sus fallas: en el lado positivo logró que un segmento de la población se viera por primera vez en las pantallas y encontrara héroes con los cuales identificarse. En el lado negativo, todo el movimiento se cristalizó rápidamente y las películas comenzaron a perder vitalidad. El público terminó por aburrirse de historias fotocopiadas y los estudios prefirieron enterrar al género antes que incentivar cambios.

Y aunque desapareció, las olas de la blaxploitation pueden sentirse hasta hoy. Las películas de Quentin Tarantino (evidentemente en Jackie Brown) le deben muchísimo al género: el uso de la música, el énfasis en lo cool (que habría que traducir como lo fresco o lo cheveroso) para definir a los personajes y la violencia exagerada.

Y ahora llega Shaft que reclama ser, desde el título mismo, un heredero de la primera película blaxploitation de alto presupuesto. Dirigida por John Singleton (el mismo de Boyz in the Hood) resulta ser una versión menos respetuosa del género que lo que era Jackie Brown de Tarantino. Tarantino había despolitizado la blaxploitation para convertir a los estereotipos en personajes de carne y hueso. Singleton por su lado vuelve a los personajes de cartón sin recuperar el filo político: el resultado es un doble castramiento.

El crítico Elvis Mitchell señala que las películas de blaxploitation "estaban construídas sobre el reconociemiento compartido de la necesidad de mover el status quo -la rabia colateral del movimiento de los derechos civiles era llevada a la gran pantalla". En esta versión no hay nada de eso, solo elementos de película de acción. Y no muy sútiles ni particularmente bien hechos.

El Shaft del título es un policía elegante, vestido siempre de negro y echando mal de ojo a todas partes, interpretado por Samuel L. Jackson. El personaje está definido por otro fragmento de la película original reencauchado: el tema de Shaft, que le valió un Oscar a Isaac Hayes en 1971. Ahí la pregunta "¿quién es el detective negro que es una máquina de follar para todas las nenas?" es respondida por el coro con un "Shaft".

En su reencarnación Shaft atrapa a un hijo-de-papi racista (Christian Bale, el mismo de Sicópata Americano en un papel bien similar) tras asesinar a un joven negro luego de verse humillado por él. El sistema está ladeado hacia el niño rico quien termina escapándose luego de ser liberado bajo fianza. Y la película sigue a Shaft en su intento de hacerlo pagar por el crimen, protegiendo a una testigo clave de un vendedor de drogas puertorriqueño y su pandilla (contratados por el niño rico para eliminarla).

El motivo por el que la película no termina de funcionar está en la elección del villano: el crimen que cometió es vil y racista, pero también insignificante si se mira en un plano mayor. En las películas tradicionales del género los héroes enfrentaban batallones de narcotraficantes, policías corruptos, jueces vendidos: todos los representantes de un sistema que amenaza a la comunidad negra. Acá no hay nada de eso. Es un crimen singular y la insistencia de Shaft termina por parecer ensañamiento policial. El Shaft de Samuel L. Jackson es más terrorífico que cool, más descontrolado que fresco, remplaza la suavidad de George Roundtree, el Shaft original, por rabia contenida y malas vibraciones.

En lo que sí continúa la tradición del género es en la altísima cuenta de cadáveres. Shaft tiene puntería de tirador olímpico: de cada dos balas que dispara cae un malo. Pero los enfrentamientos tienen un aire mecánico y sórdido, como si Singleton los hubiera dirigido en piloto automático.

Si acaso hay alguna razón para que este género reviva, con toda seguridad no se encuentra en esta película.


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