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Sala de amor-gencia Sin necesidad de cirugías de corazón abierto ni transfusiones de sangre, una psicóloga paisa descubrió cómo sanar las heridas que dejan los malos amores. Por: Carolina Dueñas Calle22.com, Bogotá Hablar de una clínica que atiende las patologías del amor - o el desamor- hace pensar en este sentimiento como una enfermedad. De inmediato viene a la mente una imagen de tragedia: médicos y enfermeros corren por largos pasillos tratando de atender al ser que intentó quitarse la vida por causa de un mal amor. Pero en esta clínica, ubicada en la ciudad de Medellín (Colombia), no hay camillas, ni transfusiones de sangre, ni cirugías para reparar corazones rotos, ni mucho menos aparatos para hacer electrocardiogramas o máquinas de resonancia magnética que evalúen el daño del corazón. Tan sólo hay cuatro sicólogos en una casa cuyas habitaciones funcionan como consultorios, salones de grupo o una en la que por un par de horas reposan los pacientes con crisis mayores. "Nuestra labor consiste en trabajar aquellos síntomas (celos y compromiso a ciegas, entre otros) que parecen parte de la relación pero en realidad no lo son". asegura Chiquinquirá Blandón, la fundadora y directora de la institución. Según dice, su clínica no sólo ayuda en el proceso del desenamoramiento. "También enseñamos a amar, a comprender las relaciones, a que las personas se hagan responsables de su papel en la pareja y a no culpar a nadie de los problemas que personalmente se afrontan". Culpar al otro de los problemas no es la solución, así que si usted siente que el tratamiento para desenamorarse no le sirvió de nada, no puede ir a quejarse. Es su responsabilidad y debe asumirla. La psicóloga paisa explica que "si un paciente recae, es porque sólo trabajó el síntoma y no las causas de su problema. En ese caso, la reincidencia está asegurada". Chiquinquirá confiesa que hay pacientes que en un par de citas entienden su problema y se alivian, mientras que hay casos más graves en los que una terapia tradicional (para ellos) de tres meses, no basta. Y aunque los costos no pueden ser calculados, sí puede estar seguro de que una prolongada crisis amorosa puede llevarlo a la bancarrota. Seguramente no querrá gastar más dinero del que invirtió en su amada/o, así que piense en eso y seguro se desenamora más rapido (buena estrategia). Si de estrategias se trata, Chiquinquirá propone algunas en su Manual para desenamorarse (Medellín: Ediciones Gráficas, 1995): hablar con quienes se encuentran en la misma situación (una especie de "amóricos anónimos"), darle a la vida un sentido distinto al ser amado y des-idealizar al otro. En términos de género, asegura ella, son los hombres quienes más dificultades presentan para desenamorarse. "La razón puede encontrarse en que el hombre tiende a la idealización y teme más al fracaso, así ven ellos una decepción amorosa". Sin embargo, el mayor número de consultas proviene de la mujeres y "no porque tengan más problemas emocionales sino porque su manera tradicional de superarlos es hablando". Construyendo y aprendiendo Una insatisfacción personal frente a las terapias tradicionales la impulsó a construir su clínica que, a su vez, fortaleció sus teorías en torno a las relaciones. "Ni la sicología ni los tratamientos tradicionales me ofrecían respuestas al transtorno de personalidad que en ese entonces padecía. Decidí pues encontrar sola esas respuestas y ayudar a los demás". Es curioso que tan solo con la profesión a cuestas, algunas - ¿o muchas?- desafortunadas experiencias personales y muchas ganas de sacar adelante el negocio (típico de los paisas) esta mujer de 40 años se lanzara a reparar corazones. Para ella, el aval científico y teórico está claramente definido en el campo de la sicología, desde una perspectiva integradora que incluye un trabajo en las áreas emocional, física, del pensamiento y el comportamiento. "Esa perspectiva integradora nos hace diferentes de los terapeutas que aplican modelos a un caso. Nosotros evaluamos primero el paciente y trabajamos con él en los cuatro aspectos mencionados. Nuestro tratamiento no le devuelve a nadie la pareja pero sí ayuda a que la persona se encuentre con ella misma y le de un nuevo sentido a su vida. Ayudamos a que asuma su soledad". Chiquinquirá Blandón está tan convencida de la eficacia de la labor que realiza que parece haber olvidado la afirmación que hizo en su Manual para desenamorarse, un año después de haber fundado la clínica: "...en caso de ser necesaria la cura para un enamorado, no existen ni medicamentos ni tratamietos dirigidos en este sentido".
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