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Sexo en cada esquina En un país donde el promedio de lectura es de medio libro al año por persona, prolifera una nueva especie de historietas baratas que se venden en grandes cantidades. Son la nueva literatura mexicana de cabecera: las “Erótikas”, “Las chambeadoras pa’servir a usted”, “Amores y amantes”, “Bellas de noche” y “Mujeres en éxtasis”. Por: Miguel Angel Ceballos Calle22.com México Sus cuerpos son la representación de lo imposible. Tienen la cintura estrecha, los pechos redondos y puntiagudos apuntando hacia un cielo de nubes brillantes; sus enormes caderas enmarcan la perfección de unas piernas de trazos delirantes. Las minifaldas, los vestidos cortos y entallados son sus favoritos, las pequeñas pantaletas y escotados sostenes, su toque distintivo. Son las “Chambeadoras”, las “Ponedoras”, las “Eróticas”, las “Bellas” y las “Cariñosas” de las historietas del hentai mexicano. El hentai, es el cómic japonés que posee contenido sexual altamente explícito, el cual ha encontrado eco en Occidente con la reproducción lujuriosa de un estereotipo físico y la imposición de cierto patrón de belleza en los personajes de las historietas mexicanas. En los cómics (también llamados manga) hentai las protagonistas son adolescentes obsesionadas por el sexo. Hay de todo y para todos los gustos: pechugonas, atrevidas, tímidas, lesbianas y travestis. La típica combinación de colegiala (con trencitas, faldita tableada y osito de peluche) se mezcla con guerreras sadomasoquistas dispuestas a vencer el mal enfundadas en un traje de combate. Todo con un común denominador: sexo, orgías y fantasías hechas realidad. De igual forma, en las páginas de las historietas mexicanas publicadas en su mayoría por las editoriales Ejea y Tourkán-Mango, las protagonistas son mujeres hermosas y de cuerpos espectaculares deseosas de ser “tomadas” por los “galanes” de la novela, que comúnmente son los albañiles, carpinteros, mecánicos, taxistas o los comerciantes. Los argumentos recurren a la violencia, el machismo y la misoginia; mientras que los diálogos juegan con el lenguaje popular, el albur y el doble sentido. Se venden como pan caliente y cada ejemplar cuesta entre cuatro y seis pesos (cincuenta centavos de dólar). Una leyenda impresa en letras pequeñas indica que están dirigidas a mayores de 18 años, pero la realidad es que están al alcance de niños y jóvenes. Las situaciones que relatan en cada cuadro son inverosímiles, pero efectivas. El ingenio de argumentistas y editores inunda el mercado de los puestos de periódicos con revistas consideradas como las Playboy de los pobres. Aquí, un ejemplo de Pícaras, infieles y ponedoras, una de las historietas más vendidas en México, un país donde el promedio de lectura por habitante es de medio libro al año, mientras que en Argentina se leen alrededor de seis: - Narración: Leila y Sandra eran dos amigas calenturientas que se la pasaban compitiendo en todo. Para no dejarse una de la otra, se habían encaprichado para que les festejaran sus quince años juntas. - Sandra: Yo dejo que me chupen los botoncitos. ¿Cómo te quedó el ojo? - Leila: Pregúntales a ellos manita. Voy a dejar que me den mi “regarrote” de quince años. En el cuadro se encuentran las dos jóvenes protagonistas; durante la discusión Sandra se baja el escote del vestido para mostrar los pechos, y Leila se sube la falda para enseñar las nalgas. Tiraje descontrolado En cada kiosco se exhiben alrededor de 30 títulos diferentes, cuyo tiraje total y circulación efectiva son imprecisos. La página de Internet de Editorial Ejea, que publica 15 historietas distintas, reporta ventas de 35 mil ejemplares mensuales por cada título, pero los periodiqueros afirman que son mucho más. Según algunos encargados de los puestos de periódicos, estas historietas son las más vendidas del amplio espectro de publicaciones que se encuentran ahí. Si acaso, a veces superadas por la venta de las revistas con “chismes” del mundo del espectáculo. Estos pequeños cuentos que tienen lectores en los camiones, el Metro, las peseras, en los baños o cuando se hace la fila para comprar las tortillas, se han consolidado como la literatura de bolsillo del mexicano de clase media-baja, ya que cada kiosco vende un promedio de 50 ejemplares diarios. Así que Ranma, Sailor Moon y Candy Candy, estrellas del manga, tienen sus equivalentes mexicanas con un poco más de carne, más curvas, pero tan ninfómanas y con cuerpos tan increíbles como las del hentai japonés. |
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