![]() |
|
||
|
página principal / entretenimiento, cine
Robert Crumb Robert Crumb pasó de ser una de las máximas figuras del cómic underground estadounidense de los años 60 a ser un misántropo completo, un tipo raro ("con R mayúscula") obsesionado por mujeres piernonas. Por: Manuel Kalmanovitz G. Calle22.com, Bogotá Robert Crumb siempre ha sido un tipo flaco y encorbado, con una cara angulosa coronada por unas gafas gruesas como culos de botella. Es el anti-héroe perfecto: tímido, retraído, talentoso, creativo. Y la hora de los antihéroes llegó a finales de los años 60, cuando Crumb surgió de la nada para definir en dibujo su época. Bueno, no exactamente de la nada. Había nacido en 1943 en Philadelphia en una familia bien extraña. Su padre era un valentón que le pegaba a él y a sus dos hermanos (le rompió la clavícula a Robert cuando tenía cinco años) y su madre era una católica torturada por la culpa. Charles, el mayor, obligaba a sus dos hermanos pequeños a ilustrar una y otra vez variaciones de la versión cinematográfica de La isla del tesoro y gracias a él Robert aprendió a dibujar rápido y bien. "Para salir rápido de eso", diría después en uno de sus cómics autobiográficos. Con el tiempo las variaciones sobre la película fueron remplazadas por otras historias y aún siendo un adolescente creó con su hermano al gato Fritz. En 1964 se mudó con su familia a Cleveland donde comenzó a trabajar en una empresa de tarjetas de felicitación. La estructura de la empresa era similar a la de una ensambladora de autos: cada empleado tenía que repetir una tarea tarjeta tras tarjeta tras tarjeta. Luego se fue a trabajar con uno de sus ídolos, Harvey Kurtzman (quien años antes había creado MAD) en la revista Help!. En esa época probó el LSD por primera vez y descubrió que "todo el mundo en el que vivía parecía una obra de títeres, una farsa trágica", empacó sus maletas junto a su primera esposa y se mudó a San Francisco. Y eso le cambió la vida. Eran los últimos meses de 1966 y en esa época San Francisco se había convertido en el epicentro del movimiento hippy. Ahí tenía su base artistas como Janis Joplin, The Grateful Death y Jefferson Airplane, y hippies de todo el país viajaban hasta allá para ver las comunas en acción. Y ahí llegó Crumb con su esposa. En 1967 publicó Zap #1, la primera publicación dedicada por completo a lo que luego se llamaría "cómics underground". En esa primera edición nacieron dos de los personajes que luego se convertirían en símbolos absolutos de la contracultura: el gato Fritz (un gato lascivo) y Mr. Natural (un seudo-gurú que no decía mayor cosa). Lo que hizo Crumb en estos primero cómics fue darle un giro total a la moral tradicionalista de Disney manteniendo los dibujos tiernos (con ojos grandes y sonrisas resplandecientes). El cortocircuito producido por esto se hizo evidente en la publicación de "Joe Blow", un cómic sobre el incesto aparecido en la Zap #4, que causó varios arrestos en Nueva York por obscenidad. En 1970 vendió los derechos de su comic El gato Fritz al animador Frank Bakshi, quien hizo la películas animada de clasificación X más popular de la historia. Cuando Crumb la vio se sintió traicionado, ahora dice que preferiría que no existiera. El verdadero anti-héroe Crumb hubiera podido quedarse ahí, en el curubito del anti-establecimiento. De hecho eso es lo que ha hecho la mayor parte de caricaturistas de su generación (Gary Sheldon continúa haciendo los Freak Brothers que siguen siendo chistosos). De hecho la notoriedad que consiguió le permitió alcanzar todo lo que había soñado, en particular mujeres grandotas, de piernas gordas como jamones y de senos generosos. Pero las semillas misantrópicas y misóginas que se habían sembrado en su infancia comenzaron a florecer. Con el tiempo toda la "paz y amor" de sus primeros cómics que tanto gustaban a los hippies fueron desapareciendo y Crumb se dedicó a examinar con lupa sus deseos más peculiares y bizarros. Las mujeres grandotas e increíblemente flexibles comenzaron a ocupar el lugar central en sus cómics, al lado de crueles reflexiones autobiográficas. Mientras Crumb seguía ese camino comenzó a tener problemas en Estados Unidos. La oficina de impuestos le entabló una demanda por 30 mil dólares por evasión y tuvo que irse un rato a vivir en París, mientras negociaba su retorno. Una de sus imágenes más conocidas (un tipo con botas al frente de un letrero que decía "Keep on Truckin" o sea "sigue andando en el camión") por la que había recibido derechos de autor fue declarada "de dominio público" en 1977, lo que implicó más problemas económicos todavía. Volvió a Estados Unidos y finalmente decidió irse del todo a Francia a finales de los 80s. Con el dinero conseguido tras la venta de seis cuadernos de dibujos se compró una casa en un pequeño pueblo cerca al Mediterráneo a donde se mudó permanetemente con su segunda esposa Aline Kominsky, que también dibuja cómics. Con sus cómics de los 60 Crumb tiene una relación extraña. En uno de sus obras recientes escribió que retrataban "los ritmos de la muerte cultural. En mi propia manera incoherente y alucinada, traté de dibujar las imágenes que veía en mi mente cuando oía música pop moderna estando en LSD... tontos payasos moviéndose en la pila de basura en la que estaban convirtiendo a la Tierra... Me engañé con mis propios dibujos. Otra gente pensó que eran imágenes felices de muñecos relajados teniendo un buen rato... ¡Así que eso terminé pensando yo mismo! Se me olvidó lo que eran realmente: ¡fotografías de la danza de la muerte!" Crumb siguió siendo un anti-héroe. Un fetichista que babea ante un par de piernas bien formadas. Un artista que detesta a los hippies, a los post-hippies y a los pre-hippies, o sea a la humanidad entera. Con una colección inmensa de discos de 78 rpm en los que se refugia para evitar escuchar la "podredumbre cultural" del presente. Y, no hay que olvidarlo, uno de los mejores y más influyentes artistas de comic que hayan surgido en los Estados Unidos. Lo más impresionante de la obra de Crumb es que permite ver a un artista fieramente independiente que ha logrado sobrevivir alimentando un par de obsesiones bien definidas. Un artista que ha esquivado el dinero cuando venía atado a cosas que rechazaba (se negó a hacer la carátula de un disco de los Rolling Stones porque no le gustaba su música) y que ha preferido perseguir una visión que no tiene nada que ver con la moral o la estética convencionales. En pocas palabras: un artista en el sentido más heróico del término. Una cosa que cada día se da menos. |
|
||||||||||||||||||||||
copyright © - calle22.com todos los derechos reservados Condiciones de uso- Privacidad |
![]() Escriba a calle22.com |