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El nuevo Presidente de México, Vicente Fox Quesada
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Una retrospectiva a la vida de Vicente Fox

Fox: esto piden los mexicanos
"Como político seré un ciudadano común y corriente, un simple mortal con muchas ganas de poner mi granito de arena para sacar el país adelante": Fox




Haciendo amigos...



Ya tengo las riendas

En manos de un empresario, México inicia hoy una nueva etapa de su historia política, tras la derrota del Partido Revolucionario Institucional. Vicente Fox tiene muchos retos, el más importante es no defraudar la confianza de 14 millones de personas que le dieron su voto.
Por: Sonia Sierra
Calle22.com México


Hacer y vender una coca cola son actos de precisión: no hay que ponerle a la chispa de la vida un miligramo de azúcar de más y tampoco hay que llegar tarde a la tienda equis del más remoto lugar… Siempre hay que entregar el producto igualito y a tiempo. No es fácil, pero es manejable.

Reconstruir un país requiere de otra receta: los ingredientes son múltiples, no están controlados, y llegar a tiempo no depende sólo de un distribuidor. El engranaje es más complicado.

Esa es la principal diferencia entre el trabajo que hoy inicia Vicente Fox y su experiencia como empresario, durante 14 años en la Coca Cola, y otro tanto al frente de los negocios de su rancho en San Cristóbal, Guanajuato.

Con él, México inicia una nueva era. Se cierra la historia del Partido Revolucionario Institucional y se abre la de los empresarios en el poder, porque no se puede hablar de un gobierno del Partido Acción Nacional (PAN, derecha): Fox, más que un político es un administrador.

Bajo esa etiqueta, estos cinco meses de transición, tras las elecciones del dos de julio, arrojan el inicio de una nueva vida. Un glosario extraño, del que los mexicanos se han ido familiarizando poco a poco, muestra hacia dónde va el país: calidad total, manejo con eficacia y transparencia, liderazgo, excelencia, optimización de recursos.

Doce años de carrera política puede ser poco, pero también a eso le saca partido Vicente Fox, un hombre que está acostumbrado a no perder una, a sacar provecho hasta de sus errores. Ni siquiera se vino abajo tras el martes negro, más bien capitalizó el peor de sus actos públicos y convirtió su terco “hoy, hoy, hoy” en frase de campaña, como lo había hecho con el “ya, ya, ya, ya”.

Del rancho a Los Pinos

Hijo de un agricultor, administrador de empresas (título que adquirió a mediados de 1999), Fox evoca la imagen de hombre rudo, fuerte, muy mexicano, que cuando toma solo bebe tequila, que oye las canciones de su paisano José Alfredo Jiménez, que no se baja de sus botas vaqueras (está por verse si hoy lo hará) y que luce un FOX plateado en la hebilla de su cinturón, como una especie de marca.

Con 58 años, cumplidos precisamente el dos de julio cuando le arrebató el poder al PRI, Vicente Fox llegó a la política por invitación del líder panista Manuel Clouthier, quien en 1988 lo convocó a él y a otros empresarios a ingresar a las filas de Acción Nacional con el fin de acabar con las mañas del PRI, en el poder desde 1928.

Su carrera política se inició como diputado del estado de Guanajuato, del cual fue años más tarde gobernador. Los índices positivos de esa administración contaron bastante a la hora de elegirlo.

Desde comienzos de los años 90, llegar a Los Pinos (casa presidencial) se convirtió en el objetivo de este empresario. Consciente del hartazgo que millones de mexicanos tenían del PRI, Fox emprendió la cruzada por el cambio y se dedicó a mostrar los vicios de aquel partido. Su campaña tuvo éxito, gracias también a los errores históricos del Revolucionario Institucional, que hoy ha perdido el apoyo tradicional de las masas fieles.

Durante la contienda por la presidencia, sus enemigos políticos lo llamaron camaleón, populista, charlatán y hasta ignorante. Mientras que sus amigos vieron en él a un líder nato, emprendedor, trabajador, estratega genial, visionario e intuitivo.

El país de la calidad a medias

De retos, como de promesas está llena la agenda del nuevo presidente de México: la pobreza de 46 millones de mexicanos, 26 de los cuales viven en condiciones extremas; el combate a la corrupción, que tan sólo en una década ha tumbado a cien mil burócratas; la lucha contra el narcotráfico; la paz en Chiapas; la privatización de algunas paraestatales –primera contradicción a sus promesas de campaña- y un muy largo etcétera.

Para los problemas que encuentra en México, no bastará su hábito de hombre madrugador. Necesita hacer política y ese puede ser un problema, pues se enfrenta a un poder legislativo dividido entre su partido, un PRI herido y una izquierda que se niega a apoyarlo.

Si algo se le ha visto durante estos cinco meses, es que a Fox le gusta tomar las riendas, una actitud un tanto pretenciosa, que le dio algunos roces con la prensa. Sin embargo, impulsó ese estilo desde el tres de julio, de ahí el trabajo de los head hunters en busca de “lo mejor de lo mejor” para integrar el gabinete y el consecuente desfile de ejecutivos con hojas de vida exitosas.

El triunfo del dos de julio ha cambiado a México, y lo cambiará más a partir de hoy. Vicente Fox inaugura una nueva manera de manejar un país, su ensayo es el de la administración con eficiencia. Difícil, en un sistema cargado de vicios, mas no imposible, puesto que cuenta con un amplio respaldo popular e internacional y tiene a su favor una economía estable.

¿Dejará sus botas en caso de llegar a la Presidencia? Le preguntamos a Vicente Fox en agosto de 1998, cuando iniciaba su campaña, ésta fue su respuesta: “No, para nada, no las voy a dejar, creo que eso es lo que distancia a un político de la ciudadanía, esas transformaciones de los políticos, ese maquillaje en las uñas, es tonto. Como político seré un ciudadano común y corriente, un simple mortal con muchas ganas de poner mi granito de arena para sacar el país adelante y quiero recordarme todos los días quién soy, de dónde vengo y que no se me suba el puesto en la cabeza, por eso las botas para estar con los pies bien firmes en la tierra, por eso la camisa azul para recordar que estoy en PAN, es el color del partido, y por eso este cinturón con Fox y de plata, porque me recuerda diariamente los valores en los que creo y la entrega en el trabajo que realizo”.


Fox: esto piden los mexicanos


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