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Fito en Obras, viernes 1/12/2000
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Sitio oficial de Fito Páez. Toda la data y audio.

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Rock argentino para el mundo. Lo viejo y lo nuevo.

Algunos dicen que el rock argentino se murió. Para estar muerto, se mueve demasiado. Cosa de mandinga.
Licuadora de sensaciones, sobre todo cuando Paranoica fierita suite intercala al rock y el tango para contar “la historia del freak argentino.


El rey sol se vistió de amarillo

Fito y el estadio Obras. Dos potencias se saludan.

Fito y detrás, su bajista Guillermo Vadalá, una máquina

Misma expresión, misma nariz, mismo Páez. Año 2000.

La llegada del rey sol

Calle22.com estuvo en la primera presentación en vivo de Fito Páez en el estadio Obras. Inquieto, fervoroso y muy contento, el rosarino presentó su último trabajo: Rey Sol. Con un buen marco de público, el ambiente se calentó del todo cuando Charly García subió como invitado.
Por: Luciano di Vito
Calle22.com, Buenos Aires


Viernes 1° de diciembre de 2000, 22 horas. Puntualmente y vestido de amarillo, el hombre flaco se trepó a los teclados y arrancó el recital. Dominó la escena rápidamente y preguntó desde su flamante disco “Ey, ¿qué te pasa Buenos Aires?". Páez es un hombre feliz y no dudó en mostrarlo. La paternidad lo ha inspirado y lo ha puesto en un punto exacto de madurez musical. No hay que pedirle nada. Ni siquiera que vuelva a los viejos y oscuros tiempos, ni tampoco criticarlo porque ya no despotrica contra todo. Para mejor, detecta momentos y los expresa con su música en esa comunicación directa que tiene con su público y eso es una virtud.

Hay espacio para pasar revista a los viejos temas. Son secuencias de Cable a tierra y de 11 y 6, mientras dos chicos que no tienen más de 18 se besan para sellarlo todo, como en la canción. La escena no ocurre sobre el escenario, sino abajo, donde hay personas de dos generaciones diferentes que comparten las mismas canciones.

El hombre vestido de amarillo se calzó la guitarra y comenzó a sonar Acerca del niño proletario. Fito entró y salió de sus propios climas, tuvo tiempo de cantarle brevemente a su mujer, de terminar bailando con un travesti del brazo y de correr de un lado al otro del escenario para escuchar a la gente cantar sus temas.

Es innegable que Fito sabe apelar a sus mejores canciones en el momento justo, para meter un recuerdo de su repertorio sin abusar ni una estrofa de él. Más aún, es el director de una banda correcta y efectiva que sonó a piaccere y se mostró tan precisa y prolija como si fuera un disco y no un concierto. La tensión subió de a poco. Y en ese ida y vuelta, los climas se volvieron íntimos como En una noche en el downtown o como radiografías melancólicas – marca registrada de Fito – en The shinning of the sun que incluyeron las clásicas llamas de los encendedores en penumbras, tan típica de los conciertos en Obras y porque no, de otros tiempos. Licuadora de sensaciones, sobre todo cuando Paranoica fierita suite intercala al rock y el tango para contar “la historia del freak argentino del siglo XXI".

Sonaron temas de Circo beat cuando subió Fena della Maggiora en guitarra y con un cigarrillo colgado de sus labios al mejor estilo stone se prendió al tema que dio nombre a aquel disco. A esa altura de la fiesta, todos se estaban divirtiendo: los músicos y la gente.

Hasta que Páez y sus muchachos se despacharon con Cerca de la revolución y entonces el estigma García comenzó a sobrevolar el estadio. Al rato, la pantalla mostró la caída del bicolor desde el noveno piso. Las imágenes se pasaron una y otra vez, de atrás para adelante y al revés. Vale, el tema que habla de eso, fue el disparador. Páez lo cantó con furia, hiperactivo y dedicado. La gente estalló. Alguna vez, hace quince años, Fito era el tecladista de la banda de Charly, ahora él es el anfritrión y se dio el lujo de invitarlo.

Entonces Charly llegó, se sentó a las teclas y Ciudad de pobres corazones estremeció las paredes. Hubo tiempo para bromas, para que suene otra vez Cerca de la revolución con Charly en guitarra y cantando. Fito se despidió de Buenos Aires con un par de bises. Primero con A rodar mi vida y el gran final con Dale alegría a mi corazón con los espléndidos percusionistas de La chilinga para cerrar el show y para que casi las 4.000 personas que fueron a ver al hombre vestido de amarillo se hayan ido cantando por la Avenida del libertador la canción que más les gustó.

Ya era sábado y el rey sol había salido de noche para celebrar su aparición. Obras se llenó de Fito y más de quince años después de la aparición de Del 63, el hombre que se vistió de amarillo para convertirse en sol por un par de noches, ha escrito en las paredes del templo del rock argentino que aún brilla, que aún tiene mucho para dar.


Algunos dicen que el rock argentino se murió. Para estar muerto, se mueve demasiado. Cosa de mandinga.


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