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Leidi era el nombre de moda hace 20 años.
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Los nombres argentinos más estúpidos.
El doble sentido demanda cambio de nombre (México).

Proponga los nombres con los que jamás bautizaría a sus hijos, los que lo llevarían al suicidio o el que tiene y detesta.
Imposible culpar a los padres que a través de un nombre pretenden darle a sus hijos lo que no pueden con dinero.


Gualdisney, el nombre más estúpido que hoy lleva algún niño colombiano.

¿Qué tal este nombrecito? Sin palabras.

Quien lleve este nombre debe tener cara de muñeca.

Ni músicos, ni famosos... simples colombianos.

Basta con recurrir al directorio telefónico para descubrir las influencias mediáticas, míticas, extranjeras, electrodomésticas y seudointelectuales de lo nombres colombianos. Nombres que se vuelven cada vez más absurdos si están acompañados de apellidos típicamente "chibchombianos".
Por: Carolina Dueñas
Calle22.com, Bogotá


Para los padres son sinónimo de prestigio, realeza, exotismo y novedad. Para los hijos, en cambio, son motivo de burla, y por tanto, de verguenza. Y no es para menos, pocos querrán llamarse Sósimo, Arsiénico, Antuannette, Arbey, Drigelio, Tosty, Pitoja, Quantas, Waldia o Hemegardo.

Tratar de descifrar el significado de estos nombres sería descabellado. Se necesitaría un traductor que, a diferencia de los padres, sea capaz de trasladar fielmente los sonidos del lenguaje oral al escrito. O quien dice que Sósimo no es una mala transcripción de la palabra "próximo".

También se necesitaría -con urgencia- advertir a los futuros padres que no intenten deducir nombres franceses (Antuannette), ingleses (Waldia), rusos (Tosty), ni de ninguna otra latitud. Estos, combinados con apellidos tan criollos como Pataquiva, Ulloa o Sesquilé son un atropello para la dignidad humana.

Fernando Vallejo asegura, respecto a este tipo de nombres, que: "es lo único que los pobres pueden dar para arrancar en esta mísera vida a sus niños, un vano, necio nombre extranjero o inventado, ridículo, de relumbrón". (Tomado de Revista Fábula. Texto de Javier H. Murillo. La voz y el criminal).

Imposible culpar entonces a los padres que a través de un nombre pretenden darle a sus hijos lo que no pueden con dinero. Está bien, ellos quedan excentos de culpa. Y también los pobres niños que deben soportar su infancia con tales nombres. Ojo, hablo de niños, no de adultos que se pasean por el mundo llamándose Yeison, Leidi Tatiana (por Lady), Jasbleidy o Wilfer. Quienes tienen un poco de dignidad y odian ser motivo de burla, ya desde la adolescencia piensan en cambiar su nombre.

"Tener un nombre como el mio no es cuestión de dignidad, es cuestión de tener personalidad. Yo sé que no es el más lindo pero lo llevo con orgullo porque mi mamá pensó en mi como en una reina", se defiende Lady, una estudiante de 20 años. Y agrega "Cambiar el nombre es, además de complicado, costoso. Plantearme esa posibilidad implicaría - en mi caso- pensar qué debo hacer: estudiar o darle gusto a quienes se burlan de mi. Yo prefiero lo primero".

Sabia decisión la de esta joven al no dar crédito a las críticas de la gente. Sin embargo, hay quienes continúan devanándose los sesos tratando de encontrar una explicación a tales improperios contra la autoestima.

"Lo primero que uno pensaría es que quienes llevan semejantes nombres están pagando penitencia por un pecado capital. O quizás fue el resultado de una apuesta entre jóvenes inexpertos que se ensayaban como padres; no sé, qué otra explicación podría esgrimirse cuando bautizan a un niño como Usnavi", dice Angélica, una joven de 24 años, que aún no define el nombre de su futuro bebé.

Encontrar respuestas a este fenómeno no es fácil, "ni siquiera hay estudios sociológicos que ofrezcan pistas para entenderlo", afirma Silvia Cogollos, coordinadora del departamento de sociología de la Pontificia Universidad Javeriana. Sin embargo - dice ella, a título personal-, los medios de comunicación pueden influir a través de la creación de símbolos (de belleza, de prestigio) en la adopción de nombres que otorguen status.

Es innegable que los medios de comunicación afectan los imaginarios de la gente, especialmente de la de bajos recursos. Y esa, tal vez, es la razón para que una señora recién parida atinara a decirle a la estudiante que la atendió:

- Señorita doctora, quiero que mi hijo se llame Gualdisney
- Walt disney, ¿con W?
- No, venga le digo cómo se escribe: g-u-a-l-d-i-s-n-e-y

¿Será que se puede apelar al mismo argumento para explicar por qué una pareja de guajiros decidió bautizar a su hijo como Alka Seltzer?


Proponga los nombres con los que jamás bautizaría a sus hijos, los que lo llevarían al suicidio o el que tiene y detesta.


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