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La fauna en el poder No es fácil soportar a una manada de personajes que se autodenominan exitosos (por haber alcanzado un cargo de poder) ni lidiar a diario con ellos. Sin embargo, Calle22.com logró reunir a los peores en su zoo-selección. Por: Carolina Dueñas Calle22.com, Bogotá Los hay manilargos o con el codo amarrado; gritones y coléricos desenfrenados o extremadamente pasivos, tirando a mamertos; unos tienen látigo en la mano y carbón en la oficina mientras que otros se pasan de tontos. Así pueden describirse los especímenes del poder, aquellos seres que hacen parte de la extensa fauna de jefes que se encuentran en todas partes. Calle22.com seleccionó las mejores especies para exponerlas en su zoológico. El acosador Es el ser que sólo deja que sus empleadas utilicen miniculifaldas. Ese que da órdenes con una sonrisa en la boca y la mirada fija en el escote. Nunca pierde la oportunidad de sostener conversaciones de doble sentido y se divierte viendo a su interlocutor sonrojado. Siempre espera encontrar oficinas solas o apartadas para atrapar a su "presa". Se las ingenia para alargar el horario de trabajo de sus subalternas e intenta reivindicarse con ellas con un "yo la llevo a la casa, depronto por el camino sale un buen plan". En días especiales (secretaria, amor y amistad, mujer) no olvida el ramo de flores rojas acompañado de un mensaje sugestivo. Tampoco deja pasar el fuerte, largo y fastidioso abrazo en las mañanas, a la hora del almuerzo y, por supuesto, antes de irse - en caso de que la presa no haya cedido-. Cualquier otro hombre que pretenda a la subalterna pondrá en riesgo su trabajo, honra y dignidad. Y si algo formal ocurre entre el "intruso" y la "buena moza", el pobre será despedido sin compasión ni justificación aparente. El negrero Los miembros de esta especie dan látigo (no literalmente, obviamente) y pagan en libras de carbón el escaso sueldo que ofrecen. Sin necesidad de recurrir al instrumento utilizado por los sado, estos especímenes recurren a la presión "industrial" de control del tiempo. Sus empleados deben marcar tarjeta y cualquier minuto de retraso es descontado - inmediatamente- del salario, no del carbón. La puntualidad como base de la productividad es la bandera de estos seres. Y como después de las 8 a.m. lo que importa es la productividad, el jefe no dejará salir a sus empleados cumplidas las ocho horas legales. Ahí ya no importa la puntualidad, por eso no es raro que asigne trabajos urgentes justo media hora antes de la hora de salida. Las horas extra no pueden ser cobradas, mucho menos las nocturnas. Si tiene que tomar taxi porque la hora decente de agarrar el bus se pasó, él no va a sacar de su bolsillo para darle. De hecho, ni siquiera estará en la oficina cuando su empleado salga. A esa hora soñará con amasar fortuna o - como Mac Pato- con nadar en una piscina (pileta) de monedas de oro. El papá Si pudiera, haría todo el trabajo de sus consentidos. Con ellos es condescendiente, generoso y se desvive en consejos. Como buen papá, no hay error que deje de perdonar ni petición que niegue a los empleados que considera sus hijos. No importa si piden: el carro para hacer una vuelta "allí no más", un "aumentico" de sueldo, un permiso para el entierro de la abuelita que se ha muerto como treinta veces o una licencia porque el pobre sufre de estrés. En ocasiones, los miembros de esta especie se pasan de buenos y rayan en lo tonto con algunos de sus empleados vivos que adulan por el frente y apuñalan por la espalda. Todo el mundo comenta su extrema bondad y los aventajados la disfrutan. Claro que, como todo en la vida, esos beneficios no son gratuitos: requieren de una gran dosis de paciencia de parte del empleado que debe soportar tediosos consejos que no ha pedido. Sin embargo, aquellos empleados que buscan una figura paterna, pueden encontrar en su jefe un gran aliado. El tacaño e insoportable Los miembros de esta especie piden racionar el gasto de agua y luz - algo comprensible- así como el de papel higiénico, café y servicios varios. Traducción: el reglamento contempla que semanalmente alguien - diferente al jefe, obviamente- aporte un rollo de papel higiénico, un tarro de café instantáneo y sobrecitos de agua aromática. La luz sólo se enciende en la hora aproximada en que anochece, no importa si minutos u horas antes el día se nubla y no se puede ver ni por la familia. Como no hay dinero para contratar los servicios de una aseadora, los empleados deben llegar media hora antes de lo establecido para lavar los baños, aspirar, limpiar el polvo y lavar los vasos. Pero como el jefe es bueno, también ofrece la posibilidad de hacer las mismas labores en la noche, cuando los pobres empleados están a punto de "tirar la toalla". Le cuesta hacer aumentos, incluso los que exige la ley y no aporta ni para el pastel de cumpleaños de su secretaria privada. El bacán Si los anteriores especímenes se consideran un descache de la naturaleza, este puede salvar la familia. Es un ser que exige tanto como da, habla de igual a igual, se ríe y trabaja hombro a hombro con sus empleados. Es firme en sus decisiones pero se muestra flexible ante ciertas peticiones. Es transparente con las decisiones de la empresa y piensa siempre en el bienestar de todas las personas que tiene a su cargo. Como todo el mundo, tiene sus rabietas y en ciertos momentos despotrica de todo y de todos. Pero una vez se calma, habla y se justifica, o al menos se disculpa por la pataleta. Trata a sus subalternos como compañeros y los estimula en el trabajo. Señala los errores e intenta solucionarlos junto a quien la embarra. No pone problema por el cumplimiento del horario siempre y cuando todo el trabajo esté completo. Tampoco permanece como policía detrás de sus empleados supervisando lo que hacen. Simplemente confía en sus capacidades. Advertencia: Al igual que pasa con ciertos elementos químicos que no se encuentran solos en la naturaleza, las característcias de estos especímenes pueden aparecer mezclados. Así pues, la naturaleza híbrida de algunos de estos personajes los hace aún más irresistibles e inmanejables.
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