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Mi jefe me desespera Querer ahorcar al jefe por la estupideces que hace o por las absurdas órdenes que imparte parece un sentimiento común. Así lo expresaron algunos de nuestros usuarios a través de los foros. Por: Carolina Dueñas Calle22.com, Bogotá La moraleja de un cuento que circula en la red asegura que no hace falta ser un cerebro para llegar a ser jefe, basta con saber controlar la mierda convenientemente. Y es cierto. Para ocupar altos cargos, basta con tener plata, palanca o buena suerte, porque muchos de los que hoy ostentan poder no pudieron con su cerebro. Lo que no es claro es si la capacidad real de estos "ases" de los negocios o líderes de equipo radica en saber manejar la mierda convenientemente. Esa condición de supervivencia es más apropiada para los empleados que tienen que aprender a soportar, con paciencia, el carácter de su jefe. Por ejemplo, La pupes (una usuaria de Calle22.com que participó en nuestro foro "el imbécil de mi jefe") podría aspirar al premio de la máxima paciencia por haber soportado el "castigo" absurdo de su jefe. "Mi jefe decidió un día que porque no aparecía su disco compacto favorito nadie salía de la oficina, y se encabronó tanto que se fue a su casa y nos dejó encerrados hasta el día siguiente. Es el tipo de jefes que no aceptan que su pinche oficina es un desmadre y que ahí está todo lo que no encuentran". Hay quienes son más equilibrados y aceptan, a la vez, la bacanería y estupidez de sus jefes. Máxima Hobbie Center, otra usuaria de nuestro foro, asegura que "mi jefa es muy querida, aunque a veces le dan sus ataques de imbecilidad, ni modos jefe al fin y al cabo". Las experiencias con los jefes son múltiples: jefes controladores que amarran a sus empleados a través de celulares, beepers y avantel (todo junto). Federico, un ingeniero de sistemas afirma que "si mi jefe pudiera, me pondría un chip para ubicarme. Un día tuvo el descaro de pedirme el número telefónico de mi novia y los amigos que más frecuento. Afortunadamente no cometí esa estupidez". La excesiva dotación de aparatos de comunicación es sospechosa en este caso. En vez de un control laboral, parece más un control amoroso. Y es que a muchos les ha resultado un jefe acosador (homo o hetero) que disfraza su ansia de conquista tras este tipo de tecnología. No es muy claro si ese es el caso de Federico, "sólo sé que mis compañeros sospechaban de su impaciencia cuando no me encontraba - algo casi imposible-", afirma él mismo. La mejor manera de salvarse de este tipo de situaciones es ser el propio jefe. Dicen los que saben que no hay nada mejor que hacer lo que uno quiera, como lo quiera - con las consecuencias que esto supone- sin que nadie le ordene nada. Además, usted ya no volvería a despotricar de su jefe. Una vez se independice se librará de la mala fortuna y el estrés que le produce su jefe o hablar de él. Entonces quienes desde ese momento empezarán el ciclo de afirmaciones en su contra serán sus nuevos empleados. Ahorre desde una gastritis hasta una crisis nerviosa... libérese de su jefe. Y si aún no ha podido hacerlo participe en el foro y "raje" de él, hágalo mientras pueda.
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