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Un mago del blanco y negro Por: Manuel Kalmanovitz G. Editor Cine y Entretenimiento ¿Qué hace que un dibujo y un dibujante sean buenos? Es una pregunta con truco. Si uno responde rápido diría que un buen dibujo es un dibujo realista. Pero entonces la gente que hace dibujos en la calle sería los Da Vinci del presente: sus dibujos son realistas, las sombras están ahí como si fuera una foto, es inevitable reconocer la persona u objetos retratados. Pero en su mayoría no tienen carácter. Pensándolo mejor, lo que hace un buen dibujo es una cosa que no tienen nada que ver con el realismo: la expresividad. Eso es lo que hace que sea impresionante. Y que produzca emociones. Y en el mundo de los cómics no hay nadie mejor para eso que Frank Miller y su serie Sin City, escrita y dibujada por él mismo. Y lo extraordinario es que Miller antes de comenzarla ya se había convertido en uno de los escritores más cotizados en el campo, dándole nueva vida a Batman con su Dark Knight Returns (1986) y trabajando en estándares de la industria como Elektra, Daredevil, El Hombre Araña de la Marvel. El trabajo de Miller dentro del género de los súper-héroes fue un aprendizaje de años que culminó con una revisión completa de sus ideas fundamentales. En el Dark Knight Returns encontramos a un Batman maduro y en retiro, obsesionado por el pasado y consumido por el odio tras la muerte de Robin, que debe volver a las calles para defender a Ciudad Gótica de una pandilla mutante. De hecho su revisión del héroe es la raíz de las primeras películas de Batman de Tim Burton y de toda una oleada de deconstrucción heróica que le resto importancia a las hazañas para recalcar culpas y conflictos internos (otro héroe que cayó en esa ola fue Linterna Verde que se hizo alcohólico, pero de eso Miller no tuvo la culpa). Héroes angustiados Frank Miller nació en 1957 y comenzó a trabajar con cómics cuando tenía 20 años con las grandes casas de cómics como Marvel, DC y Gold Key. Luego de que el dibujante a lápiz de Daredevil renunciara, Miller obtuvo su primer trabajo de tiempo completo. Estando en el corazón de una industria famosa en esa época (los años 70 y comienzo de los 80) por sus bajos salarios y la explotación inmisericorde del personal, Miller aprendió a trabajar rápido y bien. Pero eventualmente se cansó de los súper-héroes súper-musculosos ("tan feos que ahora tienen músculos en los músculos") que componen la mayor parte del mundo del comic estadounidense. Y de la explotación y la forma de trabajo -en Marvel y DC los personajes son propiedad de la empresa, no de los escritores y dibujantes. Junto a otros artistas creó Legend y a través de esa casa comenzó a publicar su Sin City en 1991, inspirado en la literatura policíaca de los 40s y 50s. "Crecí leyendo todo desde Dashiel Hammet a Raymond Chandler y Mickey Spillane; y todo eso está ahí", señala. La serie llegó luego de que Miller pasara un par de amargos años en Hollywood haciendo los guiones de Robocop II y III. "Acababa de salir de Hollywood donde todo el mundo era jefe mío y quería hacer algo para complacerme solo a mí. Sin City era el proyecto de mis sueños, cuando tenía 14 años dibujaba comics sobre tipos duros con gabardinas. Duró años en gestación, todo ese proceso de inventarse títulos y personajes, y finalmente decidí sentarme y hacerme muy feliz. No tenía la menor idea si le iba a gustar a alguien o no. El hecho de que haya tenido éxito y me haya permitido hacer más me ha dado un placer que no se puede creer. He llegado al punto en que no puedo dejar de trabajar en él". El protagonista de la primera aventura publicada fue un matón llamado Marv que se enamora perdidamente de una muchacha a punto de suicidarse. La elección de esta historia para comenzar la serie no fue gratuita: "Marv es un personaje muy extremo y no quería engañar a nadie que se metiera en la serie; quería que supieran lo que se venía. La otra razón fue que esta historia terminaba con la muerte de Marv y quería comenzar Sin City dejándole saber a la gente lo lejos que estaba dispuesto a ir con los personajes. No quería que pareciera una serie de un personaje, eso es lo mejor, permite que todo siga fresco". Los dibujos de Sin City son impresionantes. Las figuras están rodeadas de negro por todas partes, los detalles se pierden en medio de formas impresionantes que parecen a punto de doblar las páginas por su peso. Para conseguir esto Miller primero hace bocetos de las formas generales en la página con un marcador. "Trabajo mucho con formas, me gustan. Luego viene el dibujo en sí mismo. Y luego cubro la página con negro". La saga de Sin City ya tiene seis volúmenes a través de los cuales los mismos personajes se entrecruzan, algunas veces como protagonistas y otras como personajes secundarios, en callejones oscuros y bares mal iluminados. Uno de esos universos que es bueno visitar pero que resultaría terrible para vivir. Pero el trabajo de Miller se ha extendido más allá. En 300, elegido por el Washington Post como "la serie de cómics favorita del año", cuenta la derrota del gran ejército persa en Termopilas a manos de 300 soldados espartanos. Y pronto volverá al terreno familiar de Batman para tratar de reconstruir esos héroes que él ayudó a desarmar en Dark Knight Returns. "Quería jugar con los grandes, viejos personajes de los súper héroes. He estado alejado de ellos lo suficiente como para no aburrirme". En este esperadísimo reencuentro lo que Miller quiere es retornar a esos valores de base de los héroes clásicos, al sentido de la diversión y emoción, de la aventura, que se evaporó en medio de tanta tragedia. |
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