Calle22.com
publicarpublicarchatpublicarforospublicarcambalachepublicargente+gente comunidades oficina de correos
registro

en la tribuna

la calle records
cultura viva
contra la pantalla

vivir en la red

a pie por el mundo

solo en pareja

tribus y estilos

zona de despeje


Alexandra Uribe



cambiar opciones
de usuario


escríbanos a
calle22.com


olvidó su
contraseña


su cuenta de
buen vecino


imprimir recibir este texto por correo cambiar opciones
de usuario
recomendar
esta página
ver más a pie por el mundo

página principal / a pie por el mundo /


Temas relacionados

No se duerme en la ciudad más populosa
la clave consiste en dormir menos de una hora.

El motoso poderoso
Encuesta
¿Está de acuerdo con establecer la siesta dentro de la legislación laboral nacional?


Silencio, siesta de trabajo en progreso

En los Estados Unidos lo llaman power nap, en Colombia, siesta. Es esa cabeciadita de 15 o 20 minutos después de comer que algunos aseguran lo hace a uno más productivo, eficiente y sano. Si es por eso, en Colombia los empleados serían un ejemplo laboral para el resto del mundo.
Por: Ángela Riaño
Calle22.com, Bogotá


Mientras en Colombia se creía que la costumbre de la siesta era parte de la pereza propia de algunos naturales de la zona costera del país, en Estados Unidos un psicólogo sostiene que es la mejor forma para potencializar la productividad de las empresas. Y si lo dice un americano, es algo en serio.

Las investigaciones de Maas (el americano en cuestión) demostraron que el sueño mejora el humor, la memoria, la creatividad, el estado de alerta y hasta el juicio y eso bien lo sabían personajes como Simón Bolívar y Napoleón quienes se pegaban un motosito todos los días, donde quiera que estuvieran, antes de salir a batallar.

Y es que la teoría de la siesta no es nada nuevo o si no ¿por qué creen que además de los personjes citados anteriormente, hombres como Leonardo Da Vinci, Thomas Edison y Winston Churchil tenían como costumbre entregarse a los brazos de Morfeo para conquistar nuevas metas?.

Claro que Morfeo conoce particularmente a los habitantes de las zonas costeras del país, porque ellos no necesitan estar agotados por el trabajo o el calor, tampoco les afecta la tensión o la presión y mucho menos la rutina. A cualquier hora, en cualquier sitio estos personajes pueden quedarse fundidos sin ninguna explicación.

Ese es el caso de Irwin, un joven alto y delgado que vive a 20 minutos de la ciudad de Cartagena. A sus 17 años hace las veces de administrador, vendedor, cocinero y encargado de la limpieza de un pequeño puesto de venta de vajillas en la isla Bocachica.

Su rutina es realmente agotadora. Se levanta a las 9 de la mañana y sale a abrir el "local" a las 10 en punto, aunque los turistas lo estén esperando desde las 8:30 para hacer las compras de rigor. "Se vende lo que se puede hasta las 12, porque no se puede sacrificar la comidita por atender uno que otro cachaco o gringo que venga". Se toma una hora de almuerzo y dedica otra al reposo sobre una hamaca que cuelga en la puerta del local.

"Toca bajar la comida, no sea que me caiga pesada. Además con ese calor quién trabaja... ni el Divino Niño". A las dos se dedica con algunos amigos a bucear, a pulmón libre, la zona cercana a la isla. Y por ahí, hasta las tres de la tarde se acuerda que tiene un negocio que atender hasta las seis de la tarde, hora en la que zarpa la última lancha para el muelle.

En total trabaja cuatro horas diarias, vende un promedio de cinco vajillas diarias en época de temporada, y con eso es más que suficiente para seguir viviendo, según cuenta Irwin.

Otra de las regiones donde se tiene como costumbre echar un sueñito rehabilitador es Valledupar. Por la cercanía, los empleados pueden trasladarse hasta sus casas a la hora del almuerzo y nada mejor que una cerveza bien heleda para preparar el ánimo siestero. La mayoría de las casas de esta ciudad posee un gran jardín dotado de hamacas, sillas de culumpio y una que otra mecedora, donde se toma una siesta de no más de 30 minutos, por aquello de que hay que cumplir un horario.

Sin embargo, no es necesario viajar a la Costa o estar en medio del trópico para encontrarse con personajes de este estilo. En plena capital, usted puede caer en manos de uno de esos empleados que llegan temprano solo porque deben marcar tarjeta, se toman un tintico como para despertarse y empiezan a trabajar solo cuando el radio queda bien sintonizado en Melodía o Cerros Stereo.

Trabajan solo esperando, con ansias, la hora del almuerzo, que aunque se trate de una hora puede llevarse dos. Al llegar a la oficina sienten casi placer, si se puede decir así, al ver una eterna fila de usuarios. Se sienten importantes, con el poder para hacer esperar. Se toman su tiempo y ocupan uno de los escritorios de atrás dando la espalda, como si así pudieran ocultar que duermen.

La excusa siempre es la misma. "No hay sistema". "Se cayó la red". "Tenemos problemas con la central". "Debemos esperar la autorización". Y pasan los minutos y se ven concentrados frente a la pantalla del computador, seguramente pensado, entre sueños, que la siesta es una de los hábitos recomendados por los expertos para la gente altamente eficaz o que están practricando yoga para disponerse a atender al público.


El motoso poderoso


Usar Frames:
Si No
Olvidó su contraseña de correo?
Ayuda

   


copyright © - calle22.com
todos los derechos reservados
Condiciones de uso- Privacidad
 

Escriba a calle22.com