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página principal / en la tribuna / Las sociales En exclusiva,
Calle22.com reconstruye a manera de cuento, la visita del presidente,
Nohra, los niños guerilleros y María José, al país encantando del nunca
jamás, (pues es obvio que la guerrilla nunca lo devolverá).
Había una vez un presidente
que soñaba con conocer el país del nunca jamás. Allí
le decían todos los que habían ido, por suerte o por de malas,
que había niños de 12 años que portaban armas, campos de
concentración, resguardos para secuestrados, pistas clandestinas,
muchos cultivos de coca, entre muchas otras atracciones.
Despues de los abrazos y saludos,
de los gestos y las fotos, el presidente Vélez, le hizo el juramento
de rigor al señor presidente Pastrana.
Después de esto, el presidente
Vélez invitó a una caminata privada por el país del Nunca
Jamás a su colega y allí fue que hablaron de lo divino y lo
humano.
Así, y en vista del tiempo
de sobra que les quedaba, el presidente decidió ayudar a don Manuel
en su tarea. Primero pensó que era alguna labor productiva, pero
luego se dio cuenta de todo.
Así siguieron hablando
los dos hombres y los dos presidentes. Como ya casi era hora de irse Vélez
le dio un recuerdo a Pastrana.
De repente, y apenas se habían
parado de realizar las tareas escolares, pues don Manuel, a pesar de sus
años, a duras penas llegaba a cuarto de primaria, la lluvia se hizo
presente y les dañó el paseo.
Finalmente y tras unas largas
horas de tensión y aburrimiento, lograron sobreponerse al mal tiempo
y seguir el largo camino de la paz. Pastrana conoció todo el país
del nunca jamás y comprobo que todo lo que le decían del país
era mentiras. No había niños con armas, no había secuestrados,
no había pistas. Es decir, no había nada, sólo un hombre
convertido en leyenda y lleno de dinero gracias a su finquita.
Con más pena que gloría
concluyó así, la visita de un presidente que cumplío su
sueño de visitar el país de nunca jamás y que se llevó
un mal recuerdo del mismo, pues todo lo que decían era mentira. Ese
país era igual al que Pastrana gobernaba, sólo que allí
los soldados no tenían botas militares, sino de caucho. la pobreza
era igual, la corrupción idéntica, los males los mismos. Pastrana
regresó al país con las manos vacías, excepto por un regalo
que trajo para Nohra, los niños y María José. Un regalo
que demostró que es mejor seguir rezando que creyendo en cuentos
chinos.
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