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Los magrebíes no piensan salir del encierro sin papeles.
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A pesar del paso de los días y del estancamiento de las negociaciones, el ánimo y la esperanza dan fuerza a estos ciudadanos

Inmigración: esto apenas comienza

El fenómeno de la inmigración crece a pasos agigantados. Desde hace varias semanas, miles de inmigrantes en toda España comenzaron a tomarse las iglesias para iniciar numerosas huelgas de hambre, solo con el fin de reclamar a las autoridades españolas que les sean concedidos permisos de residencia para poder trabajar y vivir dignamente. Calle22 estuvo con ellos en una iglesia de Barcelona.
Por: César Londoño, Calle22.com, Barcelona

Al pasar por la Plaça del Pi, en el barrio gótico de Barcelona, todo retrocede en el tiempo y el espacio. La construcción gótica de la iglesia de Santa María del Pí hace evocar el esplandor de la arquitectura antigua y la presencia de decenas de ciudadanos árabes, a las puertas de la misma, hace pensar por momentos que se está, no solo en otra época, sino en una calle de penas al otro lado del mediterráneo.

Más de 120 personas, en su mayoría marroquíes, hindúes y pakistaníes, completan un mes de encierro en la iglesia, lo que ha desatado una gran controversia nacional sobre el tema de la inmigración. La cifra de los acontecimientos trágicos, al respecto, ha desbordado las expectativas de la opinión pública y el debate, alimentado por algo que además de triste era evitable, comienza a demostrar que es más complicado de lo que parece.

Una realidad muy peligrosa, que ha estado dormida en la cabeza de la opinión pública desde hace mucho tiempo, despierta en forma de pesadilla para asustar a todos aquellos que nunca se imaginaron les tocaría soñarla.

No nativos vs xenófobos

España no está preparada para afrontar con altura el fenómeno de la inmigración, mientras que la capacidad social de sus sus nativos para afrontar a los foráneos está más que en entredicho. Los socios del país ibérico -dentro del tren comunitario- comienzan a señalar el problema con el dedo -la viga en el ojo ajeno-, y los protagonistas, por su parte, van de boca en boca sin caer en las soluciones.

En el mundo existen cientos de millones de personas que viven en situaciones deplorables, sufren guerras o simplemente pasan hambre, y ven como un "Occidente rico" prefiere la comodidad de la no solidaridad. Por esto, es normal que miles de seres dejen sus tierras, se endeuden e incluso se presten a las mafias internacionales con el fin de llegar al "primer mundo" español en busca de trabajo y bienestar, deslumbrados no solo por la producción de riquezas, sino por la latente imagen de la gruesa demanda laboral.

Lo paradójico de todo es que, en este caso, España los necesita pero no los quiere, y que en lugar de buscar los mecanismos para incorporar a estas personas a la vida social y económica del país, cree leyes contradictorias que siembran desconcierto. En vez de un proceso de adaptación para los inmigrantes, el gobierno español esta provocando un conflicto con la promulgación de una ley de extranjería que evita el reconocimiento del no nativo como ciudadano.

De este modo, el inmigrante no puede intervenir en la formación de la vida política, social o económica del país. Esta nueva ley no quiere reconocer a miles de personas que están viviendo aquí y que pueden integrarse perfectamente al desarrollo, y con ello lo único que promueve es su clandestinidad. Así como crear un margen de "beneficios" para las mafias que trafican con los ilegales.

En febrero de 2000, por ejemplo, en el pueblo de El Ejido (región de Almería), miles de ciudadanos españoles se tomaron literalmente la justicia por la mano y atacaron en desbandada a los inmigrantes árabes que habitaban dicho pueblo. Quemaron sus casas, arrasaron sus cultivos y los persiguieron por toda la región de las maneras más agresivas, lo que produjo una fuerte voz de alarma en toda la comunidad europea.

Durante días, la televisión trasmitió en directo este lamentable espectáculo, que puso en evidencia que la xenofobia está a la orden del día en este país. El periodista Josep Ramoneda, con fuerte credibilidad a nivel nacional, acabó de redondear la sensación de denuncia opinando al respecto que “el miedo ante la inmigración es el temor a ser vistos, a ser reconocidos como ricos y ser obligados a compartir nuestras riquezas. Crece la xenofobia, pero se siente compasión por los ilegales, se necesitan y se rechazan; la globalización es el mercado universal, pero se reconstruyen las fronteras”.

Tren descarrilado

De forma más reciente, otro acontecimiento agravó la crisis y motivó a muchos inmigrantes a unirse, encerrarse en iglesias y hacer manifestaciones masivas. Catorce ecuatorianos ilegales, que viajaban hacinados en una camioneta, fueron arrollados por un tren cuando se dirigían a trabajar en el pueblo de Lorca, región de Murcia. Los resultados: la muerte de 12 de ellos y la gota que colmó el vaso para exigir al gobierno español que solucionara de manera responsable la situación de todas estas personas.

Sin embargo, tuvieron que morir estas personas para que la ciudadanía en general se diera cuenta de la realidad ecuatoriana, directamente ligada a la de más de 150 mil personas que han llegado a este país en tan solo 11 meses. Se pudo comprobar, por ejemplo, que en el último año -acosados por la crisis interna- salieron de Ecuador rumbo a España más de medio millón de personas, cuya última fuente de ingresos era, irónicamente, las inversiones de los inmigrantes en dicho país.

“Mi mujer y yo decidimos venirnos para España porque allá no teníamos nada que hacer", le contó a Calle22.com Walter Rodríguez , un ciudadano ecuatoriano que junto a su mujer se radicó en Barcelona desde hace tres meses. "Dejamos a nuestras niñas con la suegra y nos vinimos a buscarnos la vida acá. A pesar de que no tenemos papeles hemos trabajado en lo que va saliendo, como cuatro días seguidos en una fábrica. El dinero que gané allí representa la misma cantidad de dinero con el que mi familia vive dos meses en Ecuador".

Negociando con las "pateras"

Quizá por ello, y aunque sus países son radicalmente diferentes, los árabes encerrados en la iglesia de Santa María prefieren mantener su posición. El gobierno español no duda en que ahora se encuentra contra las cuerdas, en un caso que le ha obligado a revisar los expedientes de vida de 60 mil personas no nacionales y que ha conseguido una negociación con el gobierno del Partido Popular. Antes de tomar cualquier decisión, estos últimos tendrán que pensar muy bien en las consecuencias.

Inmigrantes a lo largo de todo el estado español se siguen lanzado a las calles a manifestarse, asegurándole a las autoridades que “aquí estamos, no hemos hecho nada malo, y si ustedes creen lo contrario pueden venir por nosotros”.

El grupo de ciudadanos árabes de la iglesia del Pí, por su parte, han logrado que se revisen los expedientes de 74 mil inmigrantes africanos que viven en Barcelona, y se han dado el lujo de rechazar en tres oportunidades las ofertas ofrecidas por el gobierno para que levantaran la huelga de hambre.

De este modo, todas las fuerzas políticas del país han tenido que dar la cara y mostrar su postura ante el asunto, uno que apenas empieza y que puede durar muchos meses más para sentar una negociación equilibrada. Cada día llegan a las costas mediterráneas del sur de Andalucía embarcaciones cargadas con africanos y llamadas "pateras", que no dudan en lanzarse a la aventura con la esperanza de una vida en Europa.



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