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Los héroes del silencio La mayoría de los incendios que se producen en la Argentina son ocasionados por descuidos de las personas. Para apagar el desastre están los bomberos, servidores fieles y rápidos cuyas realidades parecen pasar desapercibidas para los funcionarios que deberían ocuparse de ellos y redituarlos. Por: Luciano di Vito Calle22.com, Buenos Aires En la Argentina, su nombre lo dice todo: bomberos voluntarios. Por vocación de servicio y por solidaridad, los encargados de apagar el fuego ajeno son hombres, mujeres y hasta niños dispuestos a dar su vida para salvar a otras. En contrapartida, no reciben remuneración ni subsidios ni cualquier estímulo que les permita un reconocimiento a su labor. En Capital Federal, el promedio de intervenciones de los bomberos puede llegar a ser de siete intervenciones diarias. De las más compleja -incendio en una fábrica de colchones o el llamado de una vecina porque su gato se subió a un árbol- a la más sencilla de las tareas los bomberos se la juegan cada vez que suena una alarma que avisa que en alguna parte hay fuego. “Lo nuestro es vocacional -dice Gilberto Rodriguez, quien desde hace diez años trabaja apagando incendios- no tenemos sueldo y no recibimos capacitación a la altura de las circunstancias. Es que cada vez hay más cosas conectadas a la electricidad y eso puede provocar cortos circuitos y no todas la personas ni todas las instalaciones están preparadas para una emergencia” Aunque resulte increíble, una buena proporción de los incendios capitalinos se debe al uso de las velas y no por corte de luz. Velas decorativas, aromáticas, una chispa y fuego. Los descuidos caseros son la primera causa de los incendios en Buenos Aires. Distinta es la situación en el interior, donde los recientes siniestros forestales de Mendoza y la Pampa se cobraron la vida hasta de aquellos que se convirtieron en bomberos de un momento al otro. Sin infraestructura, sin remuneración - en buena parte de los casos- no hay que escarbar mucho para entender la bronca de los héroes del silencio. “El año pasado una empresa de teléfonos quiso cortarnos el servicio por falta de pago -explica Rodriguez- ¿cómo nos iban a llamar? El asunto se resolvió de modo solidario y un par de cartas de lectores a dos diarios de la capital permitieron resolver un problema que resulta inaudito cuando de la vida de las personas se trata. Por eso, los bomberos voluntarios quizás sean de las personas más valoradas y respetadas por los argentinos. No se trata de lástima. Se trata de personas que no le temen al fuego, que dan la vida por los demás a cambio de nada, apenas se enteran que algo se quema. Entre frivolidades y blindajes, los estratos medios de la gobernaciones locales y provinciales deberían destinar partidas de dinero para capacitar y solventar la labor de los bomberos. Tal vez puedan entenderlo cuando les toque verlos en acción cuando alguna de sus propiedades comience a arder por algún pequeño gran descuido. |
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