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Letras monstruosas Deformes y discriminados, los monstruos protagonizan mitos e historias contemporáneas. Cada época tiene el monstruo que se merece y cada monstruo tiene una sensibilidad que lo hace muy próximo al género humano. Por lo menos a ellos les debemos la literatura gótica y gore... Por: Claudia Angélica Ruiz T Calle22.com, Bogotá Si la más antigua e intensa emoción humana es el miedo, como decía el fantástico escritor Lovecraft, los monstruos han sido quienes más han espantado a los hombres de todos los tiempos. Engendros condenados por ser diferentes, relacionados invariablemente con la vileza y todo aquello que produce repulsión, los monstruos han sido protagonistas de numerosos relatos que han aterrado a la humanidad desde los sueños fantasmagóricos de los seres primitivos. Monstruos encantadores Hace doscientos años murió Mary Shelley madre del popular Frankestein, especie de colcha de retazos androide creado por el Doctor Victor Frankestein cuando decidió jugar a ser Dios. Sobra decir que la escritora inglesa jamás imaginó que su juego literario sería realidad dos siglos después, cuando se podría "construír" un ser humano según el capricho de los científicos, gracias a los últimos descubrimientos sobre la estructura del ADN y el código genético. Pero esa es otra historia que podría llegar a ser todo un clásico gótico... Desde el bíblico Golemretomado en 1915 por Gustav Meyrink, pasando por el Drácula de Stoker, hasta los monstruos que abundan en las historias infantiles y por los cuales algunos creen que realmente viven debajo de la cama o en el closet, estos especímenes han habitado la imaginación de todas las generaciones y han servido de inspiración para innumerables escritores entre los cuales podemos citar al mismísimo Borges y su Libro de los seres imaginarios. Sin embargo, más allá del Hombre Lobo, el Jorobado de Notradame, los gigantes, los cíclopes, las harpías y demás seres considerados monstruosos, no podríamos concebir la literatura gótica ni fantástica sin estos seres maravillosos que aparecen en las obras de gente como Horace Walpone (El castillo de Otranto, 1764), Ann Radcliffe (Los misterios de Udolfo, 1794), algunos textos de Stephen King y los gestores del Gore como Clavi Barker que lleva al exceso lo monstruoso que hay en la decadencia y la corrupción humana. Ahora nos espanta más la aparición de un Hitler que un encuentro cercano con Drácula, preferimos toparnos con el Golem en vivo y en directo, que cruzarnos con un atracador en plena avenida décima; con el atenuante de que por lo menos algunos de estos seres demuestran más sensibilidad que cualquier ser humano -recordar el drama de Frankestein-, y que incluso algunos de ellos son considerados benéficos como el el Ave Fenix o el caballo alado, más conocido como Pegaso. Por lo demás, el auge de los monstruos sobrenaturales en la literatura y el cine es constantemente superado por monstruosidades reales y, sin embargo, pagamos porque nos asusten desde la pantalla o desde las páginas de un libro. Pero ya lo había dicho el maestro Lovecraft, el miedo es la más antiguo sentimiento, más antiguo incluso, que la misma humanidad. "Admítelo: el hombre que ha venido a tu casa y que tú llamas el Golem no es sino el despertar del pasado por medio de la vida espiritual. Toda cosa sobre la tierra no es sino un símbolo eterno encarnado en el polvo." El Golem |
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