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El Zapatazo "¡Viva México cabrones!" Esa es la frase que a muchos de los seguidores de las peripecias políticas y revolucionarias del Subcomandante Marcos se les vino a la cabeza cuando lo vieron entrar en el D.F. y colonizar El Zócalo. Por: Olga Lozano Calle22.com, Bogotá No era para menos, solo una frase venida de ese ya comercializado mundo del rock revolucionario mexicano, podría de alguna manera definir el significado del fenómeno zapatista en el mundo. El "no están solos", que prefirieron los asistentes a la plaza, pese a su estereotipo de consigna, apenas si llegó a ilustrar de manera quizás vacía lo que los fans del "sub" suponen políticamente incorrecto y, por tanto, necesario a la hora de validar la lucha de un ídolo que a veces pareciera refundirse en medio de lo que más odia. Si la gente hubiera preferido la frase de la banda Molotov, de alguna manera la imagen de Marcos hubiese encontrado una dimensión más cercana al super star en que se ha convertido. En especial, cuando uno rememora todo lo que ha ocurrido en su más reciente travesía: el "Zapatour", un evento político y social que terminó convertido en algo así como en el show masivo de la insurgencia y en el "Woodstock" de la era global. Como si se tratara de una extraña mezcla entre Janis Joplin y Carlos Marx, el hombre del pasamontañas negro logró ganarse la atención de todos los medios en el mundo y, de paso, transformarse en el ídolo indiscutible de todos aquellos que aspiran a encontrar en su voz una expiación de sus propios demonios internos. En un trance irremediablente parecido al generado por los grandes espectáculos musicales, con fanáticos histéricos gritando tras los caravana de las estrellas, el "sub" transfirió a su lucha por los derechos indígenas un toque universal que, para pesar suyo, tiene mucho que ver con el asunto aquel de la globalización que tanto odia. Hoy, gracias a la tele por cable, las parabólicas, la internet y la fatal manía que tenemos todos de querer parecernos entre sí, sus discursos elaborados y su cuidada imagen revolucionaria es solo un producto masivo que todos intentan aprovechar. No en vano, al lado de los indígenas de siempre, de los mexicanos convencidos de sus verdades, estaba la señora Miterrand vitoreándolo, los rockeros que intentan encontrar nuevos motivos para resucitar el viejo y cada vez más desgastado matrimonio entre el rock y la rebeldía, además de los intelectuales de todo el mundo y los "Monos Blancos" en su recién estrenado papel de guardias de seguridad. Pero, quizás los asistentes que más claro dejaron sus intenciones fueron los miembros de Planeta Tierra, quienes se mueven al ritmo del partido de la Refundación Comunista de Italia. En declaraciones a la prensa, Walter de Cesaris, diputado por esa corriente, afirmó: "Esta marcha zapatista reactivará a la izquierda internacional, que dejará de llorar la caída del comunismo". Y en esas palabras se expresa lo que Marcos ha pasado a ser para una generación global, que se acomoda a un mundo en donde cada vez hay menos seres que sirvan de referente a los deseos masivos y en donde los vencidos del pasado parecieran haber sido eliminados de la historia. En la entrada triunfal de el "Sub" a México, en su paso por la universidad más grande de América Latina, en su papel de héroe con poderes para recibir o rechazar a los intelectuales europeos que lo necesitan más a él de lo que él jamás los necesitará; se esconde el indígena hecho esperanza. Esperanza de los que perdieron la fe en sus equivocaciones pasadas, esperanza de los que entienden su lucha o de las que simplemente la usurpan, esperanza de los medios que se habían quedado huérfanos de líderes que tuvieran un impacto real en las masas y fueran fácilmente comercializables, esperanza de un mundo global en el que las luchas de una pequeña franja terminan siendo la puerta de escape a las luchas individuales del resto del planeta, esperanza de los arios que intentan empequeñecerse y oscurecer su piel para marchar a su lado... Puede que Marcos se haya equivocado cuando hablando de las dos más grandes cadenas de televisión mexicanas y su negativa a transmitir en directo su arribo al D.F., se refirió a lo invisible de su lucha para los grandes medios. Puede que acierte en últimas y los indígenas mexicanos consigan un Chiapas mejor, a través de los enormes espectáculos que monta en torno suyo. Pero, sin lugar a dudas, ya el el líder del ELZN, más los 23 comandantes que le acompañaron en la travesía, le asestaron un enorme zapatazo a la política tradicional mexicana y convirtieron en un boomerang las técnicas de seducción que Vicente Fox debió aprender para llegar a la presidencia. |
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