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20 años de Sonic Youth Mientras que la generación intrínseca que le acompañó en su debut en los años 80 duerme, Sonic Youth se levanta en el 2001 con una ira de experimentos electrónicos y rock indie en tono progresivo que nadie preveía. Mientras muchos hablaban de su ocaso, la prolífica banda demuestra que su expediente en la historia de la música moderna aún está lejos de ser archivado y que no es “rock” (como desde sus inicios) el término para definirlos como un todo. Agencia Press Riot, especial para Calle22.com Su más reciente álbum, Nyc Ghosts & Flowers (2000), fue el primer indicio de que el monstruo conceptual estaba bajándose de la cama –de nuevo- y tomando rumbo hacia el escenario más complejo. Una vez allí, de pie y con la cara limpia, su música ha sacudido a todos los neófitos y veteranos que ha convocado esta neo ola de creadores sugestivos, al punto que ahora se hable de una reinvención de los Sonic Youth, cuando en el fondo siguen siendo los mismos precoces generadores de ideas, los mismos niños grandes sin miedo a quien los vea. La gira actual de la banda de New York –considerada como una reencarnación de los Velvet Underground- no ha dejado un sabor de boca distinto. Por el contrario, los avances de su directo y las orientaciones que su música toma en la tarima son otros plus, bien alimentados por una sublimidad jam session que no deja dudas tanto del virtuosismo inmediatista como de la disciplina del estudio. Emperadores del noise y del art rock por excelencia, en dos décadas donde los excesos no siempre han corrido con la suerte comercial, los Sonic Youth no solo se constituyen en un paradigma de la música de vanguardia de su país sino de todo aquel orbe que han construido los intelectuales melódicos y no melódicos, desde el extinto grunge (donde los Youth fueron llamados a tomar parte) hasta el post minimalismo electrónico (en donde muchos quieren involucrarnos ahora). Hace 20 años que la banda americana presentó su primera línea de músicos, y desde entonces ha lanzado casi un número similar de trabajos oficiales en estudio, para no hablar de rarezas y productos limitados a los que bien atienden sus fans más arraigados. Veinte años en los que era menos que imposible mantener templada –y sin quiebres- las cuerdas de un concepto tan amplio como concreto, pero que al final de cuentas asevera que hasta las mismas erosiones cuentan. Dirigidos (en un primero pero semi oculto plano) por la bajista, diseñadora de movimientos, productora y estudiada artista plástica Kim Gordom, y los conceptos del inquieto guitarrista Lee Ranaldo –fan del punk japonés, el dowtown y el art rock-, los Sonic Youth no son, en definitiva, una de esas bandas complicadas de entender, con conceptos ambiciosos y un difícil nivel de digestibilidad para el oído menos abierto. Como lo asegura el crítico Oriol Rossell en su artículo Sonic Youth, experimental jet set (Dance de Lux, julio 2001), “su mayor logro, por encima de su reinvención de la guitarra eléctrica y de sus muchas obras indispensables -¡hablamos del grupo que firmó la trilogía Evol (SST-Blast First, 86), Sister (SST-Blast First, 87) y Daydream Nation (SST-Blast First, 88)!- ha sido acortar el espacio que en su momento esbozaron Can y Neu! desde la eclosión kraut, y Soft Machine y Henry Cow desde los residuos del sonido Canterbury. “Es decir, una tierra de nadie cuyo territorio temático se adentra tanto en la vanguardia como en el lenguaje popular contemporáneo”. |
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