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Traficantes del pánico

El "sistema de alerta" de los colombianos quedó encendido de por vida. La situación de violencia del país ha sido la herramienta utilizada por los delincuentes para obligar a los habitantes a salir del país, cambiar su rutina diaria y hasta contratar escuadrones de escoltas.
Por: Ángela Riaño
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¿En qué momento los colombianos asumieron el pánico como un estilo de vida?

Un sentimiento de temor se ha apoderado de los colombianos. Después de vivir la década del 80 en medio de la narcoguerra y la del 90 en el conflicto interno armado, los habitantes de este país parecen haber asumido "el pánico como una de las características de su personalidad.

En un país donde, según reporte del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, durante 1999 se comentieron dos mil homicidios, la seguridad se ha vuelto una obsesión. Como consecuencia de la actual situación, el ciudadano común y corriente vive atemorizado, porque sabe que si viaja por carretera corre el riesgo de caer en un falso retén de la guerrilla o morir en medio de los combates que se libran entre el Ejército, los paramilitares y los guerrilleros.


NO TENGO MIEDO. NO TENGO MIEDO. NO TENGO MIEDO...


A lo anterior, hay que sumar el karma que viven día a día los colombianos al pensar que pueden ser secuestrados o convertirse en las víctimas de una extorsión. Y es que en el país no se necesita ser rico para estar en riesgo. Por un lado, las personas con un patrimonio superior a un millón de dólares están condenadas a cumplir el decreto-ley 002 de las Farc "o de lo contrario serán secuestradas". Mientras que en los barrios de clase baja de las principales ciudades y en las zonas rurales del país se acude a extorsiones y amenazas irrisorias para conseguir dinero.

La situación es tan patética que las personas eligen entre pagar 50 mil pesos o entregar un mercado a cambio de evitar el "secuestro" de su televisor. "La inseguridad humana aumenta en la medida en que la crisis económica y las mala calidad de vida se prolongan, por ende la situación en Colombia ha creado un paraíso para estrés y el pánico", comenta el psiquiatra Alejandro Cortés.

Según la Policía Nacional, en el país se denunciaron, durante el año pasado, 231.647 delitos, además de 856.566 contravenciones. Es decir que, cada 24 horas los delincuentes asesinaron 87 personas, hirieron a otras 197 y secuestraron 8 más; asaltaron dos bancos, realizaron 204 atracos y robaron 79 autos.

 


El pánico es una enfermedad real con posibilidades de causar invalidez de por vida.

Con semejantes estadísticas es casi obvio que los colombianos hayan decidido asumir su realidad desarrollando una coraza de y contra el pánico. "Cada uno maneja sus fantasmas como puede. Pero el pánico en Colombia ha sido instaurado como una forma de vida válida. Sirve para defenderse de las mismas consecuencias de los fenómenos que producen ese estado", sostiene la psicóloga Mónica Rodriguez Caro.

Hoy, los colombianos temen tomar un taxi, salen a la calle con el dinero preciso y sin tarjetas de crédito o débito, colocan rejas en las ventanas de sus casas"""", adquieren perros guardianes, cambian su rutina deportiva por una bicicleta estática, evitan al máximo viajar por carretera y se inventan rutinas para eludir uno que otro ataque.

Además de acentuar la inmunidad contra el pánico con el diario vivir, los habitantes del país refuerzan la idea de éste estado con las amenazas de secuestros, extorsiones, atracos... que reciben de los medios de comunicación, en su papel de voceros de los grupos delincuenciales del país, y a través de la red.


Según Cortés, el pánico es una de las situaciones más penosas que puede experimentar una persona y se evidencia en ataques extemporáneos que duran varios minutos. Sin embargo, "el 50 por ciento de los colombianos viven en un solo ataque de pánico, con diferentes manifestaciones" y es probable que el restante porcentaje sea contagiado, sugestionado e influenciado para desarrollar esta inmunidad.





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