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Pesadilla sin fin

El sueño no siempre es el estado ideal. Algunas personas sufren trastornos y pueden hacerle daño a su compañero de cama o a sí mismos, mientras roncan. Relatos del doctor Édgar Osuna, director de la Asociación de Medicina del Sueño. Por: Paola Villamarín
Editora de Tiempos Modernos, Calle22.com
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Ambos deciden ir al circo. Presencian el espectáculo de los leones. Unos para adelante, otros para atrás. Saltos. Giros. Fuego. Látigos. El sonido de una puerta metálica que cae hace que pierdan la concentración. No saben qué hacer, los leones salen de su jaula y empiezan a disgregarse por la carpa.

Ella corre, pero un felino la alcanza. Él, que es bastante delgado y poco fuerte, trata de quitárselo de encima. Ella grita, llora. Él finalmente lo toma por el cuello, lo tiene atrapado. Otro sonido fuerte lo desconcentra, no sabe si es el león o su esposa. Abre los ojos. Se ve a así mismo cubriendo el rostro de su esposa con una almohada.

Las víctimas en estos casos son plácidos soñadores que no creen estar durmiendo con el enemigo pero la violencia se cuela en sus camas.

En este episodio no se confirman aquellas palabras reconfortantes que los padres les repiten una y otra vez a sus hijos después de una pesadilla, "es sólo un sueño". El hecho ocurrió en los años 80 en Estados Unidos y es uno de los primeros casos conocidos de lo que se ha llamado Trastorno del Comportamiento del sueño REM.

"En la etapa REM el cuerpo está paralizado. Únicamente se mueven los ojos. Puede que la persona esté soñando y se vea gritando o corriendo, pero el que mira desde fuera no observa nada raro. Las personas con ese trastorno empiezan a actuar el sueño y se mueven", explica Édgar Osuna, director de la Asociación de Medicina del Sueño.

A este desorden se le ha llamado también fantasmagoría y es provocado por enfermedades en el sistema nervioso. Tanto Osuna, como el psiquiatra Felipe Quiroga, aseguran que no es tan común que ocurra. Sin embargo, hay casos que van desde pequeñas hasta graves heridas.

"Una paciente de 64 años estaba soñando que corría para alcanzar un desfile. Ella corría sin parar y no podía llegar hasta él. Cuando se despertó se acababa de golpear en la cara con un mueble que tenía en su habitación. Tenía la cara ensangrentada, necesitaba puntos. Después se dio cuenta de que hubiera podido suicidarse porque su apartamento quedaba en un segundo piso y a unos metros del mueble había una ventana. La llevaron a urgencias y la remitieron a la Clínica de sueño. Se le hicieron estudios y se le mandó un tratamiento", cuenta Osuna.

Quiroga dice que no hay que confundir los sueños actuados con el sonambulismo, que pertenece a un estado más profundo. Para él, los sueños actuados son raros y muy cortos. Por esa razón, es impensable que una persona en ese estado pueda matar a otra. Los gritos de la víctima podrían despertarla.

Para Osuna, en cambio, estos trastornos pueden durar lo mismo que la actividad onírica, entre 15 y 20 minutos. "No es fácil despertar a una persona que se encuentre en ese estado. Una mujer que esté en la cama con su marido puede tener lesiones muy graves por golpes. Ella puede gritar y él nunca escucharla".

"Un paciente extranjero llegó a urgencias en dos oportunidades por fracturas en la noche. Una en la mano derecha y otra en una costilla. Nos llamaron porque eso no era lógico. Él contó que cuando se hizo la primera fractura, estaba soñando que peleaba contra un atracador. Sólo se despertó al golpearse contra una mesa de noche. Después se dio cuenta que había golpeado a su esposa y que ésta a pesar de sus intentos por despertarlo no lo había logrado.

"Lo de las costillas ocurrió porque él soñó que alguien lo estaba persiguiendo. De la desesperación se levantó de la cama y se golpeó con el borde. Sólo se despertó por el dolor", agrega Osuna quien dice que en todos esos casos hay un recuerdo muy fiel de lo ocurrido antes del trastorno.

Las víctimas en estos casos son plácidos soñadores que no creen estar durmiendo con el enemigo. La violencia se cuela en sus camas y, en la mayoría de los casos, no son tocados por la muerte. Los victimarios no recuerdan nada, sólo saben que estaban amenazados por una fiera y debían defenderse.
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