Los ídolos del gore Ellos
no tienen mayores razones que la venganza. No elaboran grandes planes,
ni quieren que la humanidad pague nada; tampoco planean sus asesinatos
con lupa. Son viscerales, efectivos, y eternos. Se mueven bajo la
consigna de “El Mal Nunca Muere”. A su manera, son inmortales.
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Freddy Krueger, el fin del insomnio
Que Freddy Krueger es una pesadilla no es ninguna metáfora. Mata
en los sueños. Masacra adolescentes mientras duermen. Su arma mortal
es su guante de uñas, afiladas y largas, que rasgan piel y mente.
Es la culpa que cargan los jóvenes por lo hecho por sus padres, quienes
quemaron vivo al pobre Freddy, un asesino vulgar, en la calle Elm. Freddy
es un antihéroe.
Extrañamente popular pese a su personalidad de asesino sin corazón.
A él no le importa que sean buenos o malos, igual los aniquila. Se
aprovecha de sus dolencias o faltas. A los drogadictos les clava agujas
hipodérmicas. A los que sueñan con el mundo de la tele, los
clava en el aparato de la televisión. A un tímido niño
mudo, lo acribilla con una lengua de proporciones terroríficas.
Nada es secreto para él. Llega hasta lo mas íntimo. Los sueños.
No hay escape de Freddy. Y aunque muera al final de cada cinta, como buena
pesadilla, sobrevive para la próxima. El único remedio contra
Freddy es el insomnio. (Que para Cioran, es otra muerte.)
Halloween, disfracémonos en familia
Michael Myers es el asesino más precoz de la lista. A los 6 años
asesinó a su hermana de 17, inducido por una extraña figura
de negro, que se hace llamar Thorn. El pequeño asesino Myers es llevado
sin demora a un manicomio, del que escapa 15 años después. Tiene
21 y ya ha alcanzado la mayoría de edad para matar nuevamente.
El eterno niño celoso, va por su otra hermana. Pero en el camino
se le atraviesan amigos, vecinos y otros inocentes que se convierten en
sus víctimas incidentales. Al final, siempre su familia se escapa.
Pero, aunque cambien de nombre, aspecto y ciudad, Myers irá por ellos.
El fraternal homicida tiene una pequeña manía, además de
matar: debe hacerlo el 31 de octubre, día del halloween. Después
de morir en los ochenta, Michael Myers regresa en los noventa para acabar
con su hermana y su sobrino. Familia que muere unida...
Jason, el Inmortal
Jason (Voorhees) fue la encarnación de la censura en la Norteamérica
de los ochenta. No había crimen adolescente que Jason no castigara:
los que encendían los primeros cigarros de marihuana, los que se
escondían en las buhardillas a darle rienda suelta a los instintos,
los que espiaban a los de la buhardilla, todos acaban ajusticiados por
el mojigato Jason. Sólo uno o dos -los virtuosos del grupo- se salvaban.
El mismo Jason era un sobreviviente: primero se ahogó en un pequeño
lago vecino a un campamento vacacional maldito. Después resucitó
para vengar a su madre, personaje funesto del campamento. Nadie vió
nunca la cara de Jason; se parapetaba detrás de una máscara
de hockey, aunque nadie nunca lo vio jugar. Tampoco le conocieron la voz.
Jason era silencioso, sólo emitía sonidos para quejarse de las
molestas heridas que no parecían hacerle mella.
En todo su historial, Jason recibió unos 130 balazos, un hachazo
en mitad de la cara, un machetazo en la parte de atrás de la cabeza,
se electrocutó dos veces, otras dos fue bañado en ácido,
y aún tuvo arrestos para sobrevivir a 9 capítulos de la serie.
Ahora se prepara para su combate mortal: Freddy vs. Jason es el
título de la nueva historia de la saga.
Pinhead, de paseo por el infierno
Frank fue al infierno y volvió para imponerlo en Hellraiser. Un día
oyó el llamado del mundo de la oscuridad, emitido por un rompecabezas
-la Configuración del lamento- que le prometía la unión
maldita entre dolor y placer. Aceptó el reto. Una vez en el infierno,
fue poseído por los cenobitas, algo así como los habitantes
del averno. Frank quiso regresar, pero para hacerlo, necesitó que
su amante -la esposa de su hermano- consiguiera hombres para poder alimentarse
de sangre y piel, y así regresar a lo terrestre.
El éxito de Pinhead, (o Frank en el infierno) es su aspecto: calvo,
blanco impuro, con la cabeza tachonada de pequeños clavos que atestiguan
su paso por la vida infernal. Tiene dos grandes heridas en el pecho, con
garfios clavados en la carne abierta. Vestido de cuero negro, es la misma
encarnación del sadomasoquismo. Su frase de combate es: "No
más lágrimas por favor. Es un desperdicio de sufrimiento".
Chucky, el látex diabólico
Chucky es todo sonrisas a la hora de matar. ¿Qué tan malo puede
ser un muñeco para niños...? Puede ser de lo peor. Porque Chucky
es un inocente muñeco que tuvo la mala suerte de haber recibido un
maleficio vudú de parte de Charles Lee Ray, un asesino que es dado
de baja por la policía en una tienda de juguetes, y el último
aliento fue para el muñeco más popular de la temporada. Empezó
matando niñeras. Después policías. Y finalmente, a todo
el que se le atravesara.
Chucky encarna esa mitología infantil que dice que los muñecos
viven. Y más cuando son diabólicos. Luego de algunos años
de inactividad, alguien se acordó de Chucky, y tuvo el fino detalle
de llevarle novia. Se convierten en la pareja asesina, que va matando
en la carretera, a diestra y siniestra. Algo así como Asesinos
por naturaleza, en versión de látex, pero con las mismas
cantidades de sangre.
Scream, el hermano menor
Esta es la nueva raza de asesinos. Son hijos de los ochenta y están
decididos a rendir un homenaje a los asesinos clásdicos. Tanto que
el disfraz del homicida de turno no es original: es una máscara tomada
del clásico Michael Myers (ver Halloween). Pero las cosas
han cambiado. Este asesino en serie es un intelectual en su trabajo, así
que va dejando sembradas pistas que hacen referencia a los personajes
antes mencionados (Jason, Freddy, Myers)...
Antes de matar a su víctimas, las llama por teléfono, como para
ir preparpándolas. Si la respuesta al cuestionario del asesino es
equivocada, no hay piedad. Uno más a la lista. Si la víctima
conoce la respuesta, hay algo de consideración: al fin y al cabo
hay un vínculo que une a víctima y victimario. Pero igual deben
cumplir con sus roles. Scream tiene un hermano llamado Sé
lo que hicieron el verano pasado, mucho menos ingenioso y sin tanta
diversión.