![]() |
|
||
|
página principal / la calle records / Volver a
1. Politonalidad: Uno de los trucos más efectivos a la hora del horror, consiste en insertar la misma melodía en dos tonos distintos. Así, el tono más bajo de una tonada sencilla, suena refundida, perdida, como concebida en ultratumba. Es oír dos veces la misma música, primero con un matiz distinto: lo dulce, repetido, puede tener un sabor amargo. Un experto en estas lides lo dice con la pureza del caso: "La politonalidad es como si el diablo se hubiera metido en el piano". 2. Instrumentos: Aunque se puede jugar con todos los instrumentos, es evidente incluso para los no iniciados, que existen algunos que generan efectos más demoledores. Así, la percusión en juegos de redoblantes, crean una sensación de suspenso, que sólo necesita tiempo para convertirse en angustia. Igualmente, un teclado puede hacer milagros contra los nervios. Desde los bajos de los pianos, hasta órganos estridentes, con cierto sabor religioso, a iglesia y telarañas, pueden poner a saltar al más flemático.
3. Repetición de sonidos: Una sección de cuerdas, que durante un tiempo considerable se dedique solamente a repetir un par de notas, puede tener más impacto que cualquier hemorragia incontenible. El ejemplo más clásico es la música que identifica Twilight Zone (Dimensión desconocida). No hace falta crear toda una atmósfera ni una compleja orquestación: basta con un instrumento y dos notas para que el daño quede hecho. 4. Contrastes: Así parezca una incoherencia, nada puede lograr un mejor efecto en el espectador que la contradicción entre lo que se ve y se oye. De manera que cuando el público espera escuchar sonidos bajos y duros, que reflejen toda la violencia de la pantalla, suenan melodías con la textura de un algodón. En la saga de El Padrino es común este tipo de esenas: asesinatos de extrema violencia, o que involucran emociones muy fuertes, están ambientadas con arias de operas exultantes. Otras, son las ya clásicas escenas de niños y melodías infantiles, envueltos en las más macabras de las escenas, como en Sexto sentido. 5. Los clichés: Existen respuestas establecidas por el público a una serie de estímulos creados por el cine. Algunas parecen gastadas y avejentadas. Pero siguen teniendo efecto. Los violines recalcitrantes a la hora de matar, los crescendos en una persecución mortal y todo el suspenso común demuestran que la vigencia no siempre se relaciona con lo experimental.
6. Conexión entre personajes y música: De la misma manera en la que un actor se apropia del personaje para interpretarlo, la música debe asumir una carga emocional. Henry Mancini, uno de los musicalizadores más importantes de Hollywood, sostiene que necesariamente tiene que haber una conexión no sólo entre la imagen y la composición musical, también el encargado de la música tiene que hacerse dueño del personaje. Cuenta una anécdota enla que un personaje en un momento de rabia, se inspira en una experiencia personal para sacarla. El que estaba encargado de la música incidental se basó en la misma experiencia del actor para lograr plasmar la misma emoción. 7. Los efectos de sonido: La tecnología juega un papel dentro de los nuevos paradigmas de los sonidos del terror. Paralelos a la música tradicional, se agregan sonidos ambiente, gritos, gemidos y golpes que no necesariamente se ven en la pantalla, pero se oyen y le dan un nuevo matiz a lo audítivo. El primer Alien se oye mucho más claro de lo que se ve. 8. Inserción de la música en el momento preciso: Esta apreciación no es tan obvia como parece. A menudo, hay escenas que son demasiado fuertes por sí mismas y se dejan ir solas. Solo después de la cuchillada, del balazo y de la herida, entra una música que realza lo que ya había proporcionado la imagen. Simplemente, se pretende no dejar caer la acción, manteniéndola desde el audio. 9. La música del personaje: Cada uno de los personajes principales debe tener su propio carácter. Las típicas películas del gore de los ochenta son ejemplo de esto. Así como a Jason y a Freddy se les asignaba vestuario, gestos y textos, así mismo se les adjudicaba su propia música. De manera que sólo al oírla, sin necesidad de la imagen, se intuía que lo peor estaba por venir: una mano levantaba el hacha y la otra afilaba las uñas.
10. Superposición de sonidos: Consiste en arrancar una escena con una melodía y paulatinamente darle paso a la música interior, a lo que "realmente" está pasando, lejos de la percepción que presenta la cámara. Mientras el radio pone fiesta, el personaje se derrumba por dentro. Clásico dentro de estos casos, es Shine, la película que recrea la vida de un pianista torturado por su talento. En un momento específico está interpretando una pieza en el piano que va avanzando normalmente. De la melodía se pasa a una golpeteo ensordecedor de teclas que va retumbando en la cabeza del intérprete y que halla eco en el espectador. 11. La música religiosa: El terror desde la religión es un tópico. Todo el imaginario relacionado con lo sagrado, despierta dudas y, en ocasiones, violentas creencias. Al fin y al cabo, al lado de dios yace el diablo. Así que a menudo entre lo sagrado y lo profano, solo media un giro de la cámara. Los ejemplos abundan: coros celestiales en templos majestuosos producen un efecto aterrador, en especial si se trata de una lucha denonadada entre el bien y el mal. Toda la serie de La profecía aprovecha esto con éxito. 12. El rol de la música como personaje: En contadas ocasiones, pareciera que el director se largara y dejara durante unos segundos al musicalizador al frente de la cinta. No hacen falta imágenes, ni personajes, ni mucho menos texto. La música va contando todo y cualquier adición, resulta redundante. Roman Polanski en La semilla del diablo le deja el puesto al encargado de la música en el momento culminante. A través de acordes a "angelicales", el secuaz de Polanski cuenta, al que quiera oirlo, que Faye Dunaway acaba de tener el hijo de diablo.Y no hay que ver para creer. Sólo oir. 13. El silencio: Tal vez no sea tan popular como la oscuridad y la soledad, pero el silencio es uno de los miedos más incisivos. De hecho, el ruido que nos rodea y la negación de ese silencio primitivo, es una forma de afirmar el pánico que produce el vértigo del silencio. No es ningún secreto para los realizadores de cine, que el silencio es la más pura expresión de terror.
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
copyright © - calle22.com todos los derechos reservados Condiciones de uso- Privacidad |
![]() Escriba a calle22.com |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||