El hechizo del fútbol Antes
del Mundial 94, a Freddy Rincón una vidente lo previno porque
había observado que lo partirían. Rincón no fue ni sombra del
que había sido antes. Una historia entre las muchas que enlazan
al fútbol con la hechicería. Por: Fernando Araújo Vélez
Editor de Deportes, Calle22.com
El Brasil de Garrincha
en los tiempos de la sacerdotisa de la macumba.
Es como el amante al que hay que esconder. Tu nombre me lo callo...
El amante al que se venera en el cuarto de hotel antes de salir
a la cancha. Al que se le construye un altar improvisado con las
mismas medias del triunfo anterior, con la camisa de hace 16 años,
con la cadena que te regaló tu ídolo cuando debutaste
en la primera. Con aquella receta que mezcla alas de murciélago,
patas de cabra y pócimas "sagradas", y en secreto
guardas en el último bolsillo de tu chaqueta más vieja.
El amante es el azar. Y el azar, ese algo invisible que decide resultados,
muy a pesar de los pizarrones, de las tácticas, de los talentosos
y los genios, y de aquellos que siempre quieren hacer ver que lo
ignoran, pues aceptar su influencia es aceptar algún grado
de impotencia. El amante que se calla es el azar mil veces invocado;
mil veces amado, odiado, deseado, buscado, mimado, pateado, ocultado,
negado. El azar, la brujería, el fetichismo, el destino...
Todos los nombres, una fuerza oculta.
Los
africanos sumergieron fotos de los futbolistas suramericanos
en sangre de gallina
Velas, plegarias, cantos, tamboras... De una casa marcada con una
placa que decía "María Inacia Díaz, Mae de sancto"
salía una especie de humor agridulce. Hasta allí iban
cientos de personas vestidas con la franela de Brasil. Llevaban
crucifijos, periódicos, frascos y una fe absoluta en aquella
mulata que por años los había prevenido de todo tipo de
conjuros. Llevaban la ilusión de que en 20 días, le devolviera
a Garrincha su habilidad para levantar la Copa del Mundo del 66.
Ella se la había robado, decían por todos los rincones
de Río de Janeiro. Ella se la tenía que retornar. Era
un compromiso sin firmas legales, pero con otras mucho más
respetadas en Brasil: las de la sangre, los espíritus y la
macumba. "Garrincha no sólo volverá a enloquecer
a las defensas rivales con su habilidad, sino que levantará
de nuevo la Copa del Mundo en Inglaterra", les dijo la mujer
a sus seguidores desde la puerta de su casa, 15 días antes
del debut de Brasil.
Tiempo atrás, había trabado las piernas del "Angel
de las piernas torcidas" por el "pecado" de infidelidad.
Lo había hecho en nombre de San Jorge, el vencedor del Dragón,
y sólo en nombre de San Jorge, el vencedor del Dragón,
Garrincha podría recuperar sus poderes. Tendría que invocarlo
todas las noches, y decirle ante una vela roja y una espada de plata:
"Cabalgando en su caballo blanco, San Jorge, vencedor del Dragón,
se puso en camino cruzándose con un peregrino que le preguntó:
´¿A dónde vas, San Jorge?´ El santo respondió:
´Voy a devolver las piernas a Garrincha, mi hijo amadísimo,
que me había abandonado´".
En julio, sin embargo, casi todo Brasil lloró la eliminación
del Scracht ante Portugal en la primera ronda de Inglaterra 66.
Los conjuros de María Inacia Díaz habían sucumbido
ante el demonio futbolístico del negro Eusebio y sus compañeros
portugueses. Cuando Brasil llegó de vuelta al aeropuerto de
Galeao, en Río, a los hinchas se les salían los ojos y
las venas y los espíritus. Les habían dicho que a Pelé
no lo habían sacado de la titular en el juego con Hungría
por una lesión, sino por mandato de los brujos.
Y los brujos en el fútbol siempre fueron dioses, la "Verdad".
Dioses envueltos en todos los disfraces y hablando todas las lenguas,
pero dioses. Dioses del fútbol. "En 1978, cuando salimos
campeones con Millonarios, muchos compañeros iban a buscarme
para que los ayudara, para que les predijera si habría lesiones,
si ganaríamos el partido del domingo. Con muchos de ellos nos
hacíamos baños antes de los juegos, y eso nos ayudó".
AFP A Freddy
Rincón una pitonisa le dijo que lo iban a partir en Usa 94.
El creyó.
Aquellos fueron los comienzos de Euclides González en las insondables
artes de la hechicería. El conjuraba el riesgo en su área
con malabares invisibles a los ojos de lo humano. Los delanteros
rivales le tenían miedo, como se le teme a lo oscuro, a lo
desconocido y poderoso. Cuando dejó el fútbol, abrió
su "consultorio". Hasta allí iban y van los necesitados
de amor, y dinero, salud y paz. También, los fanáticos
del fútbol buscando un pronóstico o la recuperación
de un ídolo.
Su "consultorio" siempre ha sido una galería de imágenes:
San Martín de Porres, San Cipriano, San Marcos, María
Lionza, El Divino Rostro, la Virgen del Carmen... Imágenes
que para algunos son amos y señores, los verdaderos protagonistas
del resultado, quienes hacen el trabajo realmente importante. En
1996, diversos colegas peruanos de Euclides enterraron con las cabezas
rotas a Asprilla, Mondragón, Rincón y Valderrama en uno
de los arcos del estadio Nacional de Lima para que Colombia perdiera
ante el cuadro de la banda roja.
El partido terminó 1-1. El tanto colombiano lo anotó Freddy
Rincón, protagonista de una historia negra que sucedió
dos años más tarde. Poco antes de viajar a Los Angeles
para el Mundial 94, el volante fue prevenido por una vidente colombiana
que observó en su "bola de cristal" que lo quebrarían
en pleno torneo. Rincón le creyó y fue a menos ante Rumania
y Estados Unidos. Fue otro Rincón, sin la fuerza y el despliegue
de otros días.
Dieciocho años antes, profesionales del azar peruanos se enfrentaron
a la delegación camerunense en un juego plagado de humo, esencias,
almizcle, hierbas, santos, estampas y collares, poco antes de que
en España 82 jugaran sus Selecciones. Dicen que tanto en Perú
como en Camerún, la designación de directores técnicos
va de la mano con la de brujos jefe. En Sevilla, el baile de unos
y otros fue poco menos que dantesco.
AFP
La hincha de Perú, tan fiel a su equipo como a las pócimas y
los bebedizos.
Los africanos sumergieron fotos de los futbolistas suramericanos
en sangre de gallina; los peruanos respondieron con alfileres untados
de sangre virginal que clavaban en el corazón de muñecos
casi reales, negros, vestidos de verde, rojo y amarillo. Al final,
las fuerzas se contrarrestaron: El fútbol terminó 0-0,
aunque a la hora de las cuentas, los africanos reclamaron una victoria,
pues dos peruanos, Chumpitaz y Rojas, salieron lesionados del clásico
brujo.
Apenas volvieron a jugar cuatro meses después, cuando ellos
mismos programaron otro baile de esencias, tamboras y espíritus
entre algunos brujos del altiplano y otros de la costa peruanos.
Y siguieron haciendo goles, celebrándolos con el cielo, pero
implorándolos en las tinieblas.