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La misma y vieja pelea
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| | El amor y el dinero influyen en las relaciones. Juntos han cambiado las reglas del juego y rezagaron a los líricos e idealistas. Como sobre un ring, la misma y vieja pelea vuelve a repetirse. | Por: Luciano di Vito
Calle22.com, Buenos Aires
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| Según la ONU, la mitad del mundo vive en la pobreza y la otra mitad se encuentra sin solución para un tema que no figura en las estadísticas: la soled |
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Solo y sin dinero. Así es la imagen que puede brindar quien toca el fondo de su desesperación. No hay en el panorama alguien para amar o para ser amado, nadie a mano para que al menos escuche el lamento. Tampoco hay dinero, no hay un peso en la billetera, como si comprar algo pudiese distraer la depresión de la soledad.
El mundo globalizado ha cambiado algunas premisas. Mientras hoy muchas personas se cotizan por cuanto tienen en el bolsillo o en el banco, los valores humanos no cotizan, por suerte, en ninguna bolsa de valores mundial. El viejo adagio “contigo, pan y cebolla”, que significaba en cierto modo que no importaba el dinero entre dos personas que se querían, ha quedado como un souvenir de los ’60.
“Son dos variables diferentes pero que influyen en una relación. El marco social, el cambio de hábitos laborales -las personas que tienen trabajo pasan más tiempo en las oficinas que con sus familias- han trasladado el tema del dinero como eje central de supervivencia a sus casas y casi siempre generan conflictos -dice el psicólogo argentino Carlos Ziersky-. Para muchos es inadmisible no estar en igualdad de condiciones, la competencia existe aunque no se quiera”.
Dicen que el dinero no tiene patria ni religión. De hecho, y como elemento poderoso, es seductor. Dispara codicias y ambiciones. Dinero y sentimientos tienen mecanismos muy distintos. El sentimiento une, mientras que por dinero muchos se separan. De hecho, y aunque suene ingenuo, la vieja canción de los Beatles según la cual no puedes comprar amor, aún sobrevive entre tanta compra-venta de sensaciones.
El dinero se cuenta, puede medirse en cantidad. El amor, no. Esta diferenciación no es casual. Mientras la estructura multiplica hasta el infinito los números, el amor no tiene ni por asomo esas probabilidades. El cálculo, si lo trasladamos a la abstracción matemática, no cierra como resultado por una sola razón: el dinero es número, el amor palabra.
La combinación es tentadora, para qué negarlo, y a la vez peligrosa. Las palabras, a veces, nos marcan ese intercambio: “Ambos perdimos”... “Él ganó más que yo”... Ganar o perder son términos bursátiles, cuantitativos, no calificativos.
Otra vieja canción marca un precario orden de prioridades: “Salud, dinero y amor” se dice aún a la hora de los brindis. El amor aparece en el último lugar como un vagón de cola en el tren de la vida.
Y lo cierto es que la mitad del mundo vive en la pobreza (Según el último informe de la ONU) y buena parte de la otra mitad se encuentra sin solución para un tema que no figura en las estadísticas: la soledad.
Es cierto que hay muchas cosas que con dinero no se compran. También es cierto que pertenecer a cualquiera de estos dos bandos tiene no sólo sus privilegios sino también sus desventajas, en cada uno está saber diferenciarlas, aceptarlas y encontrarle un punto de equilibrio. Quizás ese sea el verdadero e inquietante desafío.
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